LO QUE NO TE DICEN LOS CRÍTICOS EMOCIONALES SOBRE AYUDA DE EE.UU. A ISRAEL.
Por Carlos Carballido Una de las falacias más repetidas por la izquierda y algunos pseudo conservadores es que la ayuda financiera de 38 mil...
Por Carlos Carballido
Una de las falacias más repetidas por la izquierda y algunos pseudo conservadores es que la ayuda financiera de 38 mil millones de dólares que Estados Unidos otorga anualmente a Israel es una muestra de la supuesta subordinación de Washington al gobierno de Benjamin Netanyahu.
Semejante planteamiento es, en realidad, una pieza más de la narrativa anti israelí / israelófoba basada en falsedades y distorsiones que buscan proyectar una imagen tan absurda como ideológica.
Para empezar, si bien Israel mantiene estable esa ayuda a través de sus lobbies, la suma total que reciben los países enemigos a su alrededor equivale casi al doble —unos 4 a 6 mil millones de dólares anuales— y no he visto a ningún “pseudo-MAGA” conservador protestar por ello.
Estos críticos emocionales olvidan lo fundamental: el 75% del financiamiento a Israel se queda en Estados Unidos, según lo establecido por la Foreign Military Financing Act (FMF).
Otro dato poco conocido es que el financiamiento del FMF no se entrega a Israel en efectivo ni como donación libre, ni siquiera el 25% restante. Es, en realidad, un crédito o subsidio que los israelíes deben utilizar casi exclusivamente para adquirir equipo militar, servicios y entrenamiento de fabricantes estadounidenses, a través de contratos comerciales directos (Direct Commercial Sales, DCS).
Desde una perspectiva económica —ya sea macro o “de la calle”—, el punto clave es que el dinero de la ayuda militar a Israel sí forma parte del gasto federal estadounidense (financiado en gran medida con deuda), pero se reinvierte casi por completo dentro de EEUU, sobre todo en la industria de defensa y anexos contratistas.
Más del 75% (y pronto será el 100%) se destina a contratos con empresas nacionales como Lockheed Martin, Boeing o RTX, entre muchas otras. Es decir, el dinero “entregado” a Israel circula realmente en Estados Unidos: las fábricas pagan salarios, los proveedores venden, las empresas de servicios generan ingresos y se pagan impuestos.
Estudios de la Universidad Brown y del Congressional Research Service (CRS) estiman que este esquema genera más de 20.000 empleos directos y miles de indirectos en docenas de estados. En la práctica, funciona como un subsidio encubierto a la base industrial de defensa estadounidense.
De hecho durante las crisis económicas de gobiernos democratas, esta industria bélica, te guste o te pese, evitó el colapso económico aunque creó inflación derivada. A grandes males, soluciones agresivas.
Lo que casi nadie dice es que, gracias a este modelo, EE.UU. obtiene ventajas inmediatas, no solo con Israel sino con todos los que compran armas y equipos :
• Mantiene su capacidad productiva en materia de defensa (clave en tiempos de tensiones globales).
• Estimula un sector de alto valor agregado y alto multiplicador económico.
• Israel, además, prueba y perfecciona equipos avanzados —como el F-35 o el sistema Iron Dome—, lo que reduce costos y mejora productos que luego benefician también a EE.UU.
En síntesis, Washington no “regala” dinero a otro país. Tampoco a Israel como afirman. Lo utiliza como crédito para adquirir producto nacional, generando retornos en impuestos, empleos e innovación militar.
Es una decisión política: priorizar una alianza estratégica y una base industrial robusta antes que otros tipos de inversión.
Los críticos pueden decir lo que quieran, pero habría que preguntarles: ¿acaso Iran, North Korea, Rusia y China no hacen lo mismo? Entonces, ¿por qué se indignan solamente con EE.UU.? ¿ Almas rosadas? Quizás.
Yo tengo la respuesta, pero prefiero no ser indecente. Explicar estas cosas requiere neuronas, y quizá por eso se repiten los relatos israelofóbicos una y otra vez, sin el menor análisis.