DESTITUCIÓN DEL GENERAL RANDY GEORGE: NECESARIA EN EL NUEVO ESCENARIO BÉLICO
Por Carlos Carballido El general Randy George, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos (Army Chief of Staff), ha sido destitu...
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Por Carlos Carballido
El general Randy George, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos (Army Chief of Staff), ha sido destituido por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Esta decisión ha generado especulaciones sobre una supuesta crisis interna o una inminente derrota de EE.UU. frente a Irán.
La realidad es distinta. La destitución responde principalmente a una desalineación estratégica y a diferencias en la visión del mando.
George, nombrado en 2023 durante la administración Biden, había servido como asistente militar senior del entonces secretario de Defensa Lloyd Austin. En ese periodo, el Ejército impulsó políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) que priorizaban criterios de identidad sobre el mérito operativo. George defendió públicamente esas iniciativas como parte de la cohesión de la fuerza.
Este perfil no encaja en la nueva dirección marcada por Hegseth y la administración Trump. El secretario de Defensa busca líderes que ejecuten sin resistencia un enfoque centrado en combate de alta intensidad, guerra a distancia y maximización de la letalidad, sin incursiones terrestres innecesarias en zonas de alto riesgo.
La purga no se limita a George. Desde que asumió el cargo, Hegseth ha removido o forzado la salida de más de una docena de generales y almirantes de alto rango. La mayoría respondían al mando anterior. Estas cambios han recibido poca atención de la prensa hasta ahora, pero el conflicto con Irán ha servido para presentar la destitución de George como prueba de debilidad interna.
La meta del Departamento de Defensa es clara:
• Priorizar el combate de alta intensidad contra adversarios pares como China en el Pacífico o Irán.
• Acelerar la Army Transformation Initiative (iniciada bajo George pero ahora impulsada con mayor urgencia): recortes de personal y estructuras obsoletas, eliminación de sistemas legacy, y fuerte inversión en drones, inteligencia artificial, misiles de largo alcance y capacidades letales modernas.
El objetivo es una fuerza más delgada, ágil y letal, adaptada al nuevo entorno bélico donde predominan los ataques a distancia, los enjambres de drones y el dominio multisectorial.
La causa de la destitución no es un supuesto debilitamiento del Ejército ni una derrota inminente ante Irán. Tiene que ver con lealtad a la nueva estrategia, aceptación de la transformación acelerada y la eliminación de influencias ideológicas que, según Hegseth y sus defensores, restaron foco al ethos guerrero durante años anteriores. El incidente reciente sobre listas de ascensos —donde George se resistió a bloquear promociones de ciertos oficiales— agravó la pérdida de confianza.
En un mundo de amenazas crecientes de Rusia, China e Irán, el mando militar debe alinearse plenamente con la visión del secretario de Defensa. Mantener líderes desalineados genera fricción innecesaria y retrasa la preparación real para el combate.
La decisión es controvertida por ocurrir en tiempo de guerra, pero coherente con el objetivo de restaurar una fuerza enfocada exclusivamente en la victoria militar.
