martes, 2 de enero de 2018

SER RICO NO ES MALO


Por Andrés Pascual,  (publicado por Nuevo Acción 2008)


Mao no solo fue un inquisidor de cualquier espacio que generara atisbos democráticos; no solo fue un ególatra asesino que impuso un bestial culto a su personalidad, sino una figura corrupta, desvergonzada e inmoral como tirano-dictador del comunismo en China: el camarada organizaba orgías con jóvenes obligadas a participar en los actos de sexo decadente que se le ocurrieran; ni más ni menos que un Caligula de corte asiático que disfrutaba con transmitirle la sífilis a cualquiera de las miles de mujeres que designaba como compañeras de sus estados diarios de lujuria incontrolable.

Cuando Mao falleció en 1976, alguien dijo que la imponente multitud que desfiló ante sus despojos lo hicieron para cerciorarse de que realmente había muerto.

En 1976, un grupo encabezado por la viuda de Mao fue encarcelado bajo acusaciones de responsabilidad notoria por los excesos de la Revolucion Cultural (1966-1976) y por violar la ética del partido: la Banda de los 4 fueron sancionados a diferentes penas, incluida la de muerte conmutada para dos de ellos. Cuando fue puesta en libertad en 1991, la viuda del Gran Conductor se suicidó.

Como figura de transición sobresalió Huang Guo Feng, que no estuvo complicado en los crímenes de la Revolucion y que, desde 1973, presentó y apoyó al artífice de la China moderna, Deng Tsiao Ping. Para 1978, Ping era el hombre fuerte en el gigante asiático.

La vertiginosa conversión al capitalismo se produjo bajo los auspicios de Ping, que entendió que no era posible imponerse en un mundo moderno competitivo con una economía arcaica, forjadora de una sociedad de muertos de hambre bajo reglas feudalistas, incapaces de producir una ración diaria de comida para la enorme población del país.

Sin embargo, las últimos imágenes del comunismo brutal solo se aprecian en algún que otro retrato de Mao en reducidos lugares, como Tianamén, la plaza en la que ahogaron en sangre por efecto de los tanques del ejército una protesta estudiantil contra el partido todavía en el poder. 

Pero no hay esfigies ni retratos de Ping que recuerden al creador de la China de hoy, especie de monstruo de Frankestein por el desarrollo de algunas ciudades en niveles hipermoderno, con posibilidades de acumular hasta la conversión en supercapitalistas individuales, pero la policía política aún allí, resguardando al Partido Comunista de cualquier contaminación ideológica que trate de cambiar, con lemas democráticos y de derechos humanos, su inmovilismo ideológico, y con el crimen como moneda de pago del aparato partidista, a la idea de cambios que conviertan al país en consecuente con el mundo civilizado y respetuoso del individuo.

“Ser rico no es malo” fue la frase más importante de todas las que se han dicho alrededor del capitalismo, posiblemente en toda la historia de la filosofía y la economía política tratadista, la dijo Deng Tsiao Ping, cuando necesitó informarles directamente a la población china, al Partido y al Ejército que, si no abrazaba esa política económica no podrían seguir; fue antes de que al grupo de la Perestroika se le ocurrieran cambios estructurales definitorios en lo económico y en lo político en la URSS.

Se habla de que lo que se pretende para Cuba es una conversión a menor escala de la China comunista de hoy (porque no han abandonado la ideología impuesta como dirección del país); sin embargo, aunque fueran solo intentos de práctica para probar a la reacción popular y militar ante el reto, no pudiera ser nunca con los Castro en el poder, lo que quiere decir que tampoco con la nomenklatura actual en la escala de dirigencia en cualquier nivel de decisión.

A China la tiene la tiranía castrocomunista para jugar al aliado de nuevo tipo, que puedan exhibir ante el mundo como al protector necesario en niveles inferiores a los que acostumbraron con la ex Unión Soviética y para lograr beneficios económicos que los chinos no están en disposición de cumplimentar fuera de las reglas estrictas de las relaciones comerciales capitalistas; es decir, los chinos no están dispuestos a ser robados por un régimen acostumbrado a pedir prestado y no pagar. 

Además, existen 40 y tantos años de resquemores, dudas y malos recuerdos contra la misma dirigencia y el propio individuo, en el poder en Cuba aún, que los acusó, marginó y descalificó en pro de los soviéticos.

No sé de qué modelo chino se habla cuando a Cuba la encabeza una tiranía enquistada que solo es capaz de seguirle chupando el tuétano a la población y al país bajo el autoritarismo convertido en ley para la supervivencia en el poder, cuyo postulado es y será que no puede existir algo peor que el rico fuera de ellos mismos.

Una tiranía dictatorial enemiga absoluta del dinero en bolsillo ajeno, solo seguirá existiendo capaz de copiar lo represivo que, por supuesto, la castrista no lo necesita; los espejismos que vean los miopes ilusos o los voluntarios de libre albedrío, pensando en dividendos personales a través de la monstruosa maniobra de desempleo de los últimos tiempos con soluciones que nadie libre se ha atrevido a llamar “reformas”, porque no lo son, bajo ningún concepto puede confundirse con imposiciones de modelos que, por su esencia, son rechazados cada vez que alguno de aquellos parásitos abre la boca.

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