lunes, 18 de marzo de 2019

HABANECE, TANTA PUDRICIÓN ASFIXIA




Por Andrés Pascual

¿Se está haciendo un nuevo tipo de cine en Cuba? Depende de cómo y por dónde se analice, por lo general, es responsabilidad de directores y actores muy jóvenes que nada tienen que ver con el pasado de solo 20 ó 25 años atrás de tiranía dictatorial.

En Miami, plaza de mayor promoción y apoyo de todo lo que favorezca al régimen, lo quieren imponer como el movimiento contestatario obligado del arte de la imagen en movimiento de un sector rebelde nacional; sin embargo, como aquella Fresa y Chocolate que no acusaba a la tiranía ni de lejos, este que presentan "realizadores" que regresan con las camisas, los zapatos, el reloj y los 4 pesos que tumbaron "confundiendo a un par de críticos pasadores de mano" es, más o menos, lo mismo, solo que más abierto al desnudo y al erotismo.

A partir de que el tirano sustituto aceptó el éxodo desde 1994 y lo santiguó con la oración "se van buscando mejoras económicas", nadie debe utilizar ni las ganas ni el intento por irse como política anticastrista de tiempos modernos, primero, porque el tipo lo desmitificó; segundo, porque ahí está el regreso al año para "ayudar a esa gente que no tienen nada y si no... figúrate".

El castrismo, que no puede continuar criticando a "la burguesía" porque engendró una nueva clase (la dirigente), superior en poder económico y avasalladora en lo político, tal vez esté valiéndose de cualquier cosa para vender uno intragable por malo técnicamente y por decadente en lo socio-económico: desde exportar a Jorge Perogurría, a Vladimir Cruz, a Mirta Ibarra y a Laura Ramos al cine español o colombiano, hasta recortar drásticamente el presupuesto histórico de producción, una vez el 4to de la nación, o permitir las continuadas coproducciones con España y otros países para sobrevivir.

¿Por qué ha sucedido con el cine castrista? Porque no hay "ayuda soviética" y cualquier renglón tiene que vender para mantenerse, ya no pueden vivir de los premios que le regalaban los jurados, como en Karlovy Vary, que ni veían las películas posiblemente, además, la realidad que emerge subrepticiamente a través de videos, digamos que de la Televisión Española, le cierra espacios a la mentira que pudieran fabricar para exportarla como arma ideológica a través de películas.

Sin embargo, ¿Qué vende este nuevo cine que quieren presentar como opositor? Sencillamente, una sociedad que se cae a pedazos, de chusmerías, de falta de respeto, de vocabulario agresivo y repugnante que ha invadido el perfil idiomático de punta a cabo, de aseres, de ¿Qué volá? de prostitutas, proxenetas, guapos, chivatos, de dirigentes de empresas mixtas con auto y tres queridas más una mansión que le robaron a un dueño legítimo, de abakuás, de santeros, de tres boticas de santería por cuadra, de devotos de Ochún, de negros vagos sin camisa borrachos jugando al dominó y traficando dólares o droga y de otros negros con pullover extranjero y una agenda bajo el brazo, correteando por la calle y metiéndose una mano en el bolsillo como quien ha dejado algo pendiente u olvidado...

Pero nada tiene carácter político opositor, ni la sociedad marginal ni la obra de esos realizadores, sencillamente, no se puede filmar algo en Cuba que prescinda de estas prendas, porque así es cualquier individuo allá y el país un solar de 11 millones con la accesoria en el Punto O.

En películas como Habanece hay una queja permanente por la miseria, PERO, ni jugando rozan a la tiranía; a fin de cuentas, por criticar se hace oposición hasta cierto punto, que la dictadura permite que digan lo que quieran, menos sugerencias ni invitaciones a tumbarla, si no, pregúntenle a Yoani, a Cuesta Morúa, a Fariñas o a Espinosa Chepe, que también son primerísimos actores de América Tevé y de Radio y TV Martí.

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