lunes, 18 de febrero de 2019

LA PALABRA QUE SE DEBIO PROSCRIBIR EN CUBA


Por Andrés Pascual

¡Revolución, he ahí el problema! ¿Será una palabra maldita? Yo no sé, pero una palabra de mierda sí, “meridianamente cagadora” de todo lo que centrifugue.

Sin embargo, en la Cuba de “antes”, posiblemente no sonaba “a malo”, porque no se acostumbraba a nombrar, digamos que a la imposición del comunismo en el Este europeo, con ella.

Concepto “revolucionario” del individuo podía ser el héroe de una novela de Hemingway, disfrazado de Gary Cooper, besándose con Ingrid Bergman en “¿Por quién doblan las campanas?”.


A México no, al Indio Fernández y a Gabriel Figueroa también se le agradece en Cuba el toque edulcorado que recibió el público de la época, para el que “la aún incomprendida Revolución Mexicana” era un beso de Columba Domínguez con Roberto Cañedo; o una larga caminata a pie de la bella María Félix, de cananas cruzadas y en papel de Juana Gallo, con la soldadera detrás, más pendiente de disfrutar de su belleza que de proteger sus propias vidas.

Revolucionario, como se entendía en Cuba, no era la tragedia impuesta en los Países del Pacto de Varsovia y antes en la URSS, sino el toque misterioso, enigmático, estilo “el luchador de la resistencia checa” interpretado por Paul Henreid en Casablanca, que se lleva a la bella Ingrid Bergman; porque el americano Rick, (Humphrey Bogart), en elegantes trajes anatómicos cortados en El Sol de La Habana, la obliga a seguir a su compañero por designio de pareja y por la protección de su integridad física.

Nunca “revolución”, sino “cortina de Hierro”, “monstruo comunista”, “Komintern”; pero llegaron, mataron y se quedaron enquistados en los países de forma tan agresiva y brutal como un cáncer en partes blandas del sistema digestivo bajo la bandera injuriosa, despreciable y criminal de la “revolución”.

Tal vez haya que hacerle un paréntesis de beneficio socio-político-económico a la palabra por lo de la Revolución Industrial, Robert Fulton, la Máquina de Vapor... tal vez, no estoy segur

El desastre generado por Castro se inició desde que se le ocurrió a Batista ceder a presiones y amnistiar al ladrón y asesino en vez de ahorcarlo con todos los implicados.

El manual para destruir a Cuba comenzó a aplicarse desde que al inepto se le regaló el país por medio de “Elecciones para qué” y cuando le sirvieron “de pala” en el apoyo a los fusilamientos y de la apertura de la salvaje prisión política.

Ni durante los 90’s ni ahora hubo menos necesidades que entre 1960-1980, si acaso la misma.

Desde que el tirano implantó el comunismo el país está en bancarrota absoluta por ineficiencia y por la política de inflación de plantillas que, hoy, decidieron cortar con medio millón de “interruptos”; pero la política de “empleo total sin aplicación ni utilidad”, solo por propaganda ideológica intencional, ha sido la generadora de una especial clase parásita y vaga, desconocida en la identidad nuestra de tal forma que, muchos de ellos, son otro tipo de cubanos sin valores ni atributos positivos: "los kubanoides".

¿Calculó la tiranía el daño que se le haría a la personalidad del nacional de por lo menos 4 generaciones con semejante aberración impuesta? Claro, pero era consecuente con la perspectiva de ganar adeptos entre la clase marginal, envidiosa, de bajas pasiones que siempre son mayoría; eso, más ofrecerle en usufructo gratuito la casa robada del que “se fue”, por la que nunca trabajaron, le aseguró en el poder y todavía funciona, por mucho que los cables de wikileaks y otros tantos digan.

Cuando se robaron la propiedad privada de cualquier peso e importancia en el desarrollo económico de la Isla; cuando decidieron convertirse en enemigos de Estados Unidos y apartarse de la ayuda que nos representaba en la ruta al desarrollo, se echó la suerte de la República y fue antes de 1959; entonces, ¿Cuántos exigieron ni protestaron en aquel momento ni por los próximos 40 años? Hoy, ¿A qué viene el alboroto?

Sin embargo, en el Nuevo Herald, Oscar Peña ha dicho hoy, sección Opiniones en un material sobre Haití que: “Chávez, Ortega y Fidel encabezaron revoluciones justas para limpiar lo malo; pero decidieron quedarse…” ¿Será posible leer esto aquí? Por otro lado, si no le gusta el caldo, Nicolás Pérez Delgado con otra taza del mejurje que consiste en cómo cambiar aquello sin “odios ni revanchas”; o sea, sin erradicar el socialismo, lo que significa dejar allí, en plan de ganadores absolutos a la clase dirigente, dueña hasta del aire que se respira y contra la que, a veces, dicen que combate Por favor...

Miami, FL., USA
01/02/2011

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