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sábado, 21 de julio de 2018

LA SICODELIA Y LA NUEVA TROVA


Por Andrés Pascual

La simpatía del “fan” de cierto tipo de artista se pone a prueba ante la disyuntiva del “binomio”, o aceptar que, incluso el genio, se pueda identificar como “gran artista-mala persona”; según Ignacio Vidal-Folch, la dificultad para asimilarlo proviene de la “fé religiosa en el arte y en sus clérigos…”.

El caso más sonado en el voto contra un artista, aprobado por todo el mundo de su época, fue favorable a Charles De Gaulle cuando se negó a indultar a Roberto Brasillach, acusado de colaborar con los nazis durante la ocupación de Francia. Brasillach, un joven poeta de tendencias inclinadas a “los ismos”, fue condenado a muerte en 1945.

 A aquel autor, según Vidal-Foch, le clasifican como el villano máximo de la literatura, director de la revista Je Suis Partout, la más leída, la mejor hecha, y la más odiada de su época. Dicen que el poeta traidor recibió la notificación de su condena con un gesto de elevado perfil de carácter, al responderle al comisario: “Es un honor…”.

Cuando la traición del artista es el voto incondicional por una tiranía capaz de asesinar; cuando un artista es capaz de tergiversar las realidades para promover y ofrecer un arte contaminado, entonces, como artista es un fraude y, como persona, un vil instrumento que explota el talento de manera oportunista, que pisotea los cadáveres sedientos de justicia en pro de sus intereses, útiles para lograr un “modus vivendi” al cual, quizás, no hubiera accedido en situaciones normales de respeto, más que al paisano, al ser humano.

En muchos cubanos funciona el concepto tradicional de decisión ante el “binomio”, al no ser capaces de elegir lo moralmente obligatorio, que sería el rechazo absoluto a quienes cumplen un papel tan detestable en el asunto nacional, que empequeñecen a estatura enana su clase artístíco-profesional, si es que la tienen.

Silvio Rodríguez y la Nueva Trova son figuras repudiables del “pseudoarte” fidelista a través de la música militante, grotesca continuación tropical de aquel experimento creado por Máximo Gorki y José Stalin, “el realismo socialista”, que secuestró la gran literatura rusa del XIX y casi todo el XX, en pro de una circunstancia aborrecible como la práctica de la ideología leninista-comunista a través de la imposición de una terrible y tiránica gestión de dictadura criminal, personal o de grupo.

La represión castrista sometió a la niñez y a la juventud a la violación de sus ciclos generacionales más absolutos: ni niños ni jóvenes…directo a una adultez rara, con fundamento en una filosofía neo-esclavista, expresado todo por consignas y lemas; vivido en medio de escaseces impuestas para el control político de la sublevación y castigado hasta con la muerte quien osara, no sublevarse; sino protestar "pacíficamente".

Mi generación no pudo vivir la sicodelia, de la que me interesó su música, la ropa y en nada los hippies ni los movimientos de protesta contra la Guerra de Viet-Nam, ni los grupos antiamericanos encubiertos tras pancartas por la paz, ni la Brigada Venceremos, ni Angela Davis, ni las visitas de Panteras Negras a La Habana; pero The Dave Clark five, The Troggs, The Rolling Stones… sí me interesaban; tal vez lo juzgue equivocado, pero siempre he considerado a Bob Dylan  entre los liberales drogadictos de izquierda y nunca lo asimilé; ante la discrepancia creada por el binomio con el cantante de “Like a rolling stone”, opté por la variante de “persona no grata, rechazable” y le dejé a otro tipo de entusiasta que se entretuviera con lo de “creador genial” y lo colocara en calidad de icono, a fin de cuentas y por algo será, también de Silvio.

Yo no podía, la verdadera lucha entre el Este y el Oeste, entre civilización y barbarie, entre libertad y esclavismo se desarrollaba en Cuba durante los sesentas y el verdadero genocidio de la inteligencia, de la disposición y del emprendimiento de la juventud se cometió allí: fuimos un experimento diabólico en cuanto al sacrificio de la propia vida y del concepto más absoluto de “decisión personal” y el mundo como si con él no fuera y la ola de promoción de Castro y Ché Guevara por la intelectualidad trasnochada europea, latinoamericana y antiamericana de aquí, apoyando a toda máquina semejante aberración en todas sus variantes.

A través de "la Nueva Trova", la tiranía dictatorial castro-comunista pretendió rellenar el vacío que provocó la censura contra "el ogro diversionista o la música hecha bajo cánones de libertad de expresión”: un grupo de oportunistas, por lo general de lenguaje ambivalente, dispuestos a sacrificar su moral en pro del reconocimiento político; algunos talentosos como Silvio y Pablo, en menor grado Noel Nicola y el circuito musical cubano puesto a los pies de estos individuos para que hicieran lo único que siempre han sabido: pisotearlo; entonces les regalaron el Festival de Varadero en su segunda etapa para que lo administraran y nadie podía grabar un disco sin el “visto bueno” de estos mequetrefes peligrosos.

Hoy el binomio funciona a la perfección favorable a estos “canta-autores”, cuando un cubano le dice, sin ninguna pena, que “no está con Fidel; pero le gusta Silvio” ¡Vaya usted a saber con qué se come!

La Nueva Trova no ganó adeptos en Cuba, se la impusieron al joven por medio del proceso “no selección”; es decir, como que no proponían otra opción de entretenimiento, apostaron al movimiento y a sus perniciosas cabezas.

Para llevar a cabo el plan suspendieron de radio y televisión a todos los cantantes hispanos de fama y clase que, como en cualquier lugar, estaban pegados y aparecieron acusaciones estúpidas, fabricadas contra todos, por lo que José Feliciano, Sandro, Julio Iglesias, Camilo Cesto, Los Angeles Negros y todos los grupos de lengua inglesa del pop internacional, fueron proscritos para limpiarle el camino a la Nueva Trova, con la que coparon la programación de objetivo juvenil.

El desgobierno sabía que solo sin posibilidad de alternativas, un joven cubano, muerto de hambre, sin ningún tipo de derecho civil, se podía disparar a Silvio Rodríguez o a Sara González, reclamando libertades para un uruguayo, que podía viajar a cualquier lugar del mundo sí tenía el dinero para hacerlo, mientras ellos ni podían oír la música que les gustaba.

El brujo mayor en este concierto de deslealtades y traiciones a la juventud cubana de toda una época es Silvio Rodríguez, una máquina de componer loas, lemas y compromisos en porcentaje mucho mayor que canciones; un tipo que se comprometió y nunca protestó contra ningún crimen cometido en su país...

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lunes, 16 de julio de 2018

EL SON NO SE FUE DE CUBA, LA LÍRICA SÍ

Por Andrés Pascual
Hay una canción con la que yo no concuerdo, “El son se fue de Cuba”, porque no es verdad: malherido sí; olvidado en su mejor expresión, también; sin contribuciones dignas de la modernidad musical desde hace más de 40 años ni hablar… pero no se fue, porque la mayoría de los exponentes del género han muerto en la Isla y los clásicos no están prohibidos (Celia Cruz no es sonera, sino guarachera y Olga bolerista), en definitiva, el ritmo ha malvivivido… todavía.
Tampoco se puede promover a la parte de la música nacional que estuvo prohibida por más de 50 años, como símbolo de la tragedia interna de abandono y relativa censura que ha sufrido “lo más sublime para el alma divertir”, sería un error…
¿Que lo odian porque no se hizo dentro del período “robolucionario”? nadie lo duda, pero ¿Qué se ha hecho musicalmente en estos 54 años, en un país habitado por zombies, donde nadie discurre decisiones que compliquen su integridad civil, más que asentirlo todo, bajar la cabeza y seguir uncido?
Lo que no se elucubró previo a 1959 no existe y las orquestas de delincuentes como VAN VAN, NG la Banda y las otras que llaman al desorden y a la violencia social desde el escenario, ni cubano es ni lo que tocan sirve, sino música marginal para una población también marginal, muy peligrosa para espacios cerrados por la riña tumultuaria a que acostumbran incitar desde la época del Salón Mambí; a fin de cuentas, la música de la nomenklatura para el “pueblo de Fidel y de Raúl”, decadencia viciosa que transportan hacia acá por los “beneficios altamente agresivos y perjudiciales contra el destierro” del Ajuste Cubano.
El son se quedó en Cuba, todavía es un exponente de rebeldía contra los obuses anticubanos de la horda inconsecuente y criminal; es el ritmo enlatado salsa, fundamental en los repertorios de los llamados salseros, que perdió la clase interpretativa en la Isla porque los “extranjeros” lo tocan mejor, con arreglos frescos, por mejores músicos y ni hablar de los cantante, obligatorio citarlo así.
¿Cúantos números de Formell, de Manolín, de Pablito, del Tosco o de cualquier otro fantoche “apolítico” han sido grabados por el Gran Combo, la Ponceña, Willie Colón, Oscar…? ¡Por algo será, eh! Porque esa gente le graba hasta a Obama y a Bin Laden si hay pronóstico de hit y abundancia de billetes.
El Septeto Nacional (foto), uno de los exponentes clásicos del ritmo, quedó como el conjunto “de viejos” que daba la imagen decadente y deplorable del pasado “peor” ante su similar “juvenil”, la expresión castro-comunista sin clase ni personalidad del Sierra Maestra, con su solista, voz de agudo hembra de total desencanto armónico, José A. Rodríguez.
Lo mejor, diría que lo único de estos 50 años de “oscuridad medieval” en lo artístico-musical bailable, ha sido el camagueyano Adalberto Alvarez, compadre de Rafael Itier, pianista y director del Gran Combo, que se mantuvo durante años componiendo en el estilo de Chapotín, Arsenio y René Álvarez, incluso interpretando números de estos compositores o de Lily Martínez con grupos como Son 14 o el suyo propio.
Tampoco Adalberto se pudo vacunar y lo que hace desde los últimos 10-20 años compite contra los otros en mediocridad.
Pero el bolero, sus letras, sus melodías eternas sí se fue de Cuba, porque “lo lírico es la expresión del sentimiento” y no es posible que prevalezca en grupos simuladores o arrastrados a los pies de quienes los desproveen de la capacidad de pensar, antiguo concepto de expresión de lo romántico a través de la letra de una canción.
En el caso del bolero, a pesar de que muchos exponentes del género fallecieron en la Isla, se puede aceptar con total justicia que sí se fue de Cuba, porque la lírica que hizo grandes a sus compositores se contaminó de tal forma que, después de 1960, ningún compositor del “feeling”, por ejemplo, creó algo ni parecido a lo que lograron durante el período republicano, a pesar de que todos los integrantes del movimiento que quedaron allá fueron simpatizantes del PSP (Partido Socialista Popular).
En medio de la total frustración, de la sequía de la fuente de producción, creadores como José Antonio o Portillo se mantuvieron interpretando sus viejas y exitosas melodías, mientras que Tania Castellanos, “compañera sentimental” de Lázaro Peña, hizo el ridículo supremo al querer competir contra la trova anticubana y oportunista, con un himno que reclamó la libertad de una terrorista americana: Angela Davis.


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NOCTURNO, EL PROGRAMA QUE EVOLUCIONÓ A CONTESTATARIO


Por Andrés Pascual

Su primer locutor fue el pinareño Julio Capote, que emigró a Venezuela en 1968, donde alcanzó el éxito absoluto junto a una de sus hijas. A partir de Julio, las voces se buscaron lo más parecidas posibles a la del iniciador: Juan José González Ramos o Pastor Felipe…por ejemplo.

En 1965, el Ministerio de Cultura envió, en “viaje de buena voluntad” a Francia, a un grupo de los mejores cantantes y agrupaciones que quedaban en Cuba con el nombre de “Music Hall Cubano”; el espectáculo, en forma de revista, se presentó en el famoso Olimpia de la capital gala y siguió su gira por los países del Pacto de Varsovia: Pello el Afrokán y su orquesta, a la que se refirió un agudo cronista musical francés así, “…el espectáculo de tambores fue opacado por el sonido al garete de las más desafinadas trompetas que jamás soplaron en este país”, la Aragón, Los Zafiros, José Antonio Méndez…parte de la mercancía también.

Lo positivo fue el encuentro de la música cubana con la balada francesa e italiana, que se conocía subrepticia y extraoficialmente desde 1966, entonces Georgia Gálvez, Luisa Maria Güell, Elena, Pilar Moragues, Los Meme, Danny Puga, Regino Tellechea y otros, se encargarían de difundirla e imponerla en un desliz de la férrea censura de la época.

Antes que Nocturno Sorpresa Musical, conducido por Agustín “Chucho” Herrera, dedicado a un público más amplio que la juventud, en el que se difundía sólo a cubanos solistas y agrupaciones bailables de éxito como Neno González y Aragón; su tema musical fue “Una casita portuguesa”, instrumental por Frank Pourcell, que cambió en 1967 a “Mi verdad”, también instrumental, por Paul Muriat. Sorpresa modifico su programación a totalmente juvenil con participación internacional a mediados de 1967.

Pero Nocturno nació para 30 minutos de programación con un poema, una canción y el tema “La muchacha de la valija”, instrumental por Fausto Papetti (foto), de la película homónima de 1966 por Claudia Cardinale; también con participación cubana y alguna internacional: Elena, Luisa María, Georgia, los Meme o Felipe Dulzaides, y la música de Legrand para Los Paraguas de Cherburgo; o Renata, Herve Vilar, Daniel Velásquez o Giancarlo Guardabassi. 

Durante 1967 entraron los ingleses: The Animals, programados antes que The Beatles, con “Sky Pillow”. Los de Liverpool se oyeron en Nocturno por primera vez con ¡Hello, Good Bye! A mediados de año.

Enrique Guzmán se oyó en Cuba desde 1960 con los Rebeldes del Rock (¿o Los Locos del Ritmo?); después, a partir de 1965, además Cesar Costa, Alberto Vázquez y Palito Ortega. Sandro fue escuchado por primera vez en Sorpresa con “Así”, en 1969, y Salome, Marisol, Los Ángeles Negros, Los Módulos, Lito Nebia y Los Gatos o Los Apson de Méjico.

En 1966, Rosita Fornés cantó con Eddy Gaytán “Ninguno me puede juzgar”, de Tony Dallara, cantante italiano de 1959-60, que se escuchó al año siguiente por radio en “Una noche en Palma de Mallorca” y “Margarita”; gracias a Rosita se escuchó por primera vez, en 1967, "La Chica Ye-Ye", éxito de la española Concha Velasco.

 “Sabor a Sal” a finales de 1966 por el ex futbolista español José Guardiola; Rafael inauguró su etapa radial en Cuba con “Yo soy aquel” a mediados de 1966; Luisa Maria estreno para Cuba “No tengo edad”, premio 1965 de Gigiola Cinquietti en San Remo y el éxito de Aznavour “Y por tanto”; pero lo mejor de ella fue “Canto al Amor”.

De Rita Pavone, en 1967, “A mi edad”, tema musical de uno de los cuentos del filme italiano de 1962, visto en Cuba en 1967, “Rogopag”; Donatella Moretti, fuente de adaptación para Luisa María y “Te veo marchar”; Renata deslumbro con “Abrázame fuerte”, pero yo preferí la versión de Martha Strada; Jimmy Fontana con “Un mundo”; “Una casa en la cima del mundo”, italiana, la cantaron varios en Cuba; Gianni Morandi le presto en 1967 a Jorge País “A que tu mamá ahora te mande” y el italianito debutó en radio con “Orgullo” y “No soy digno de ti”, versiones en español, en 1968 y 1967.

En 1968 Nicola de Bari con “Giramondo” y “Si yo te hablara de mi”. El dúo Dinámico, Los Mustangs, Los Salvajes, Los Doble Cero… a partir de 1967. En 1968 los Rocking Devils, los Yaquis o los Johnny Jet, de México. 

Manzanero a finales de 1967 y Angélica María en 1969; José José y Camilo Sesto en 1970 y 1971. Serrat y Alberto Cortez en 1969 ambos; pero a Los 5 Latinos y “En un Rincón del Alma”, Nocturno en 1968, también los Javaloyas y la Fórmula 5ta, o Los Pasos, Los Sirex, Los Ángeles y Los Diablos.

A mediados también de 1967 y por la influencia de Nocturno y de Sorpresa nació, en las voces de Mariana Ramírez Corria y de Manolo Ribeiro, Festival, en la usurpada CMQ, rebautizada por la horda Radio Liberación, a las tres de la tarde y una hora de duración, que después pasaron al horario de las 6 de la tarde. Este programa fue el que más difundió la música anglo y dio a conocer a muchos grupos desde su inicio, y The Herman Hermits inauguraron el espacio con su éxito “No milk today”, titulado en Cuba “Todo cambió”. 

Incluso en 1969, hacían “manos a manos” entre The Beatles contra The Rolling Stones, o contra The Monkees, The Hollies, Spencer Davis group, Dave Clark 5, Mammas and Pappas, Los Bravos, los Brincos (escuchados en Cuba mas de un ano después de la separación del primer grupo), Juan y Junior, presentados primero como los Brincos con la canción “La caza” en 1968, después de un año de separado el dúo también.

Después de 1971, por obra y gracia de la reaplicación de “las palabras a los intelectuales, en el discurso de clausura del 1er. Congreso Nacional de Educación y por la evidente influencia que tuvieron Varadero 67 y 70 en la juventud; además de los programas como Nocturno, se inicio otra censura contra la música foránea (en ingles y en español), con el objetivo de imponer a la Nueva Trova como única alternativa musical juvenil y contra el cine capitalista europeo, considerado “de tesis”, muy visto en la Isla por los jóvenes universitarios durante finales de los 60’s; a través de películas de Rene Clement, Agnes Varda o su esposo Jacques Demy, Antonioni, Lellouch, Passolinni, De Sica, Saura, Fellini…contribuyente a que la juventud, rebelde absoluta y con buena causa, rechazara toda la música en español injustamente y también el pésimo cine cubano y soviético llamado “de realismo socialista”.

La censura de los 60’s contribuyó al ¿éxito? fabricado e impuesto, al no existir posibilidades de alternativa, de agrupaciones cubanas de baile como Neno González, Ritmo Oriental, el Afrokán, incluso de la demanda extraordinaria de Aragón, que no pudo reactivar con efectividad su viejo truco de versionar la música POP como habían hecho con el couple de La Violetera, con los éxitos de Pedrito Rico o con Los 5 Latinos durante los 50’s y los Zafiros, fenómeno debido a la imposbilidad de elección musical.

Una vez que entraron en acción los músicos y los cantantes del POP internacional, salieron los músicos y agrupaciones cubanas, tradicional bailable o popular, de los programas que habían contribuido a alargar el momento de sus despedidas de los hit parades cubanos capitulo juvenil; es decir, de Nocturno, de Sorpresa, de Programa D, de Festival…

Quedaba el virulento mensaje de una trova llamada “nueva”, en realidad mas vieja que la música de Sindo Garay por su total escasez de “alma y sentimiento", verdadero compromiso político contra la buena voluntad patriótica, que nunca protestó por algo positivo para el país y que, desde que nació, lo hizo comprometida con lo peor de la sociedad cubana en toda su historia.

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martes, 10 de julio de 2018

LATIN, EN MÚSICA, SIGNIFICA CUBA


Por Andrés Pascual

Panchito Riset interpretaba boleros-sones de compositores puertorriqueños como Plácido Acevedo, Héctor Flores Osuna o Pedro Flores. Las grabaciones para RCA Víctor con el septeto del hijo de la Isla del Encanto y tresero (también cuatro) Luis “Lija” Ortiz. 

El disco que hicieron en Nueva York en 1947 Arsenio Rodríguez, “Frank “Machito” Grillo (foto Machito, Graciela y sus hijas, Mario Bauzá y Beny en Nueva York, casa de Graciela y Bauzá) y Chano Pozo, tuvo músicos puertorriqueños en instrumentos, como Tito Puente. 

Olga Guillot hizo coros junto a Graciela, (hermana de Grillo, increíblemente llamada “La Gran Dama del Latin Jazz” en vez de afrocuban jazz, y esposa del virtuoso trompetista, saxofonista y compositor Mario Bauzá), a Tito Rodríguez (de madre cubana y padre dominicano) y a Santos Colón…luego, ¿Quién empezó la guerra entre cubanos y boricuas? Porque Vicentico fue cantante durante los 50’s del conjunto del Rey de las Pailas y Rey Caney, apodo de Reinaldo Hierrezuelo, o Laserie, La Lupe.... 

Las marquesinas del Palladium, del Havana-Madrid, incluso del Apolo en Harlem anunciaban, con altas y en primera, a los conjuntos y cantantes cubanos para un público mayormente boricua, judío de Birdland o negro americano. De Daniel Santos y Mirta Silva con la Sonora ni hablar. Ni de Bobby Capó, también con el mejor conjunto cubano de todos los tiempos. 

En la orquesta del pianista cubano José Curbelo participaban varios paisanos del inmenso Rafael Hernández, que vivió en Cuba y le hizo un éxito “Campanitas de cristal” Pablo Quevedo. El Jibarito hizo de todo en la Banda Nacional de Conciertos bajo la batuta de Gonzalo Roig. 

En la orquesta del flautista cubano Alberto Socarrás tocaban otros tantos puertorriqueños, o en los célebres Afrocubans All Stars, que los dirigía Mario Bauzá y para el que cantaban Machito y Graciela. Todo en Nueva York y desde 1931… 

En la Gran Manzana habían actuado (o actuaban) el Nacional del Chino Piñeiro, el Trío Matamoros, Rita Montaner y, desde 1938, Miguelito Valdés. También Dan Aspiazu; Desi Arnaz, en las tumbadoras, con el catalán que vivió en Santiago de Cuba Xavier Cugat. 

Fue en Nueva York que el maestro Anselmo Sacazas, pianista de Casino de la Playa, “inventó los solos de piano para los sones montuneados” con prudente tiempo de duración, contaminados hoy por músicos que no le llegan a aquellos ni a los talones, que pretenden demostrar un virtuosismo que le es ajeno y cuyas ejecuciones tienen extensión de eternidad. 

Sobre todo el músico cubano castrista, que saltó de un extremo al otro, incluso del silencio absoluto ante la palabra del panteón yoruba, al uso exagerado de frases y hasta evocaciones que solo entiende "un abakuá o un santo juramentado", cuando la tiranía los autorizó “a creer”. Esas expresiones “religiosas” están “a pupilo” en todas sus piezas, lo mismo en Van Van, que en Revé, que en la Charanga Habanera. 

El latin-jazz no existe, el afro-cuban jazz sí, hágalo quien lo haga, interprételo quien quiera y de donde sea. No debiera ser motivo de controversia; pero Castro se encargó de que así fuera y de la aparición del enlatado “salsa”. 

El tirano es el único que se lo robó todo en Cuba, culpable de propiciar la manipulación de los ritmos cubanos desde mediados de los 60’s por Bobby Cruz y Richie Ray, hacia una réplica que no puede escribirse porque no tiene autenticidad. 

Como consecuencia de que Castro dejara de pagar derechos de autor y cerrara la sociedad cubana la hecatombe, que no fue la aparición de la salsa ni del latin jazz, sino la debacle, el desplome de la música popular dentro de la Isla, al aparecer un tipo de música y unos músicos que de cubanos solo que nacieron en el país, pero sin identidad cultural ni nacional, porque desconocen y pisotean el pasado glorioso, único de valor de todo en la Cuba que ya no existe. 

Si Castro hubiera esclavizado a Cuba en 1860, ningún ritmo nacional, interpretados en todo el mundo se hubiera inventado, ni sus intérpretes, ni bolero, ni guaguancó, ni danzón, ni son, ni guaracha, ni cha cha chá, ni pachanga, ni sucu-sucu, ni mambo…ni Pérez Prado, ni Osvaldo Farrés, ni Miguel Faílde, ni Miguel Matamoros, ni Julio Gutiérrez (que le sugirió a Joseito Mateo en Nueva York que le incluyera la tumbadora al merengue), ni Enrique Jorrín, ni Benny, ni Albuerne, ni Bertha Dupuy, ni Olga, ni Laserie, ni Celia, ni…ni el tango, porque no hubieran creado "la habanera".

Dizzie Guillespie tocó con el cubano Alberto Socarrás, en ese conjunto conoció al virtuoso de la trompeta, la composición y el arreglo, Mario Bauzá. Después coincidirían como “roomates” al integrar ambos el de Cab Calloway. Según Gillespie, “el primer intérprete de música afrocubana que me impresionó fue Mario, después Chico O’Farrill, Chano, Machito, Curbelo, Bebo Valdés, Tata Guines, Cachao...hasta Sandoval y Paquito” .

Stan Kenton pegó exitosamente, arreglado por O’Farrill, El Manicero; pero, en 1946, Chano Pozo se unió a la Orquesta de Guillespie para ejecutar Afro-Cuban Suite, del propio Chico O’Farrill, el 29 de septiembre en el Carnegie Hall. 

Desde finales de los 30’s, todos esos músicos cubanos integraban orquestas de jazz como la de Ellington, Parker, Mingus, Kenton o, a partir de mediados de los 40’s, la de Guillespie y fueron arreglistas y compositores de muchas de sus piezas. 

Tan lejos se ha llegado en el estudio de la participación cubana en el jazz estadounidense, que el historiador Roy Carr propuso en su análisis del fenómeno, enriquecido con el de otros músicos americanos como Big Black, incluso Miles Davis, que el be-bop está basado en una pieza de Mario Bauzá. 

Los percusionistas cubanos tuvieron gran importancia en el desarrollo del jazz americano desde Chano Pozo, Candito Camero, Patato, Francisco Aguabella, Mongo Santamaría y Tata Guines, e influenciaron decisivamente al americano Jack Constanza o a los neoyorricans Ray Barreto, José Mangual o Sabú Martínez; hoy, Giovanni Hidalgo trata de ser una réplica de Tata Guines sin el nivel del maestro cubano. 

Para las Navidades de 1948, Charlie Parker interpretó un especial con la participación de Machito y los Afro-Cubans que incluyó los números de Fellove “Mango Mangué” y “Okiedoke” 

A Machito y a Mario Bauzá se debe el sonido New York de música cubana bailable que, con el mambo de Pérez Prado, es el sentido del ritmo de la Orquesta de Tito Puente. 

Si se aplica y la oye, notará que la música llamada “salsa” son arreglos de esos ritmos, condimentada con el son-guaguancó o duro de Arsenio, Chapottín, René Alvarez y Chocolate (ambos, Félix Bencomo y Alfredo Armenteros), la guaracha al estilo Ñico Saquito, más la música de Ignacio Piñeiro, Miguel Matamoros, Jorrín, Bebo Valdés, Lay, Richard Egues, Lilí Martínez, Compay Segundo o Lorenzo Hierrezuelo entre varios. 

¿Qué hispano cuenta en ningún lado como influencia en el jazz regional, más allá que los cubanos, para que lo llamen latino en vez de afro-cubano? 

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