martes, 10 de julio de 2018

LATIN, EN MÚSICA, SIGNIFICA CUBA


Por Andrés Pascual

Panchito Riset interpretaba boleros-sones de compositores puertorriqueños como Plácido Acevedo, Héctor Flores Osuna o Pedro Flores. Las grabaciones para RCA Víctor con el septeto del hijo de la Isla del Encanto y tresero (también cuatro) Luis “Lija” Ortiz. 

El disco que hicieron en Nueva York en 1947 Arsenio Rodríguez, “Frank “Machito” Grillo (foto Machito, Graciela y sus hijas, Mario Bauzá y Beny en Nueva York, casa de Graciela y Bauzá) y Chano Pozo, tuvo músicos puertorriqueños en instrumentos, como Tito Puente. 

Olga Guillot hizo coros junto a Graciela, (hermana de Grillo, increíblemente llamada “La Gran Dama del Latin Jazz” en vez de afrocuban jazz, y esposa del virtuoso trompetista, saxofonista y compositor Mario Bauzá), a Tito Rodríguez (de madre cubana y padre dominicano) y a Santos Colón…luego, ¿Quién empezó la guerra entre cubanos y boricuas? Porque Vicentico fue cantante durante los 50’s del conjunto del Rey de las Pailas y Rey Caney, apodo de Reinaldo Hierrezuelo, o Laserie, La Lupe.... 

Las marquesinas del Palladium, del Havana-Madrid, incluso del Apolo en Harlem anunciaban, con altas y en primera, a los conjuntos y cantantes cubanos para un público mayormente boricua, judío de Birdland o negro americano. De Daniel Santos y Mirta Silva con la Sonora ni hablar. Ni de Bobby Capó, también con el mejor conjunto cubano de todos los tiempos. 

En la orquesta del pianista cubano José Curbelo participaban varios paisanos del inmenso Rafael Hernández, que vivió en Cuba y le hizo un éxito “Campanitas de cristal” Pablo Quevedo. El Jibarito hizo de todo en la Banda Nacional de Conciertos bajo la batuta de Gonzalo Roig. 

En la orquesta del flautista cubano Alberto Socarrás tocaban otros tantos puertorriqueños, o en los célebres Afrocubans All Stars, que los dirigía Mario Bauzá y para el que cantaban Machito y Graciela. Todo en Nueva York y desde 1931… 

En la Gran Manzana habían actuado (o actuaban) el Nacional del Chino Piñeiro, el Trío Matamoros, Rita Montaner y, desde 1938, Miguelito Valdés. También Dan Aspiazu; Desi Arnaz, en las tumbadoras, con el catalán que vivió en Santiago de Cuba Xavier Cugat. 

Fue en Nueva York que el maestro Anselmo Sacazas, pianista de Casino de la Playa, “inventó los solos de piano para los sones montuneados” con prudente tiempo de duración, contaminados hoy por músicos que no le llegan a aquellos ni a los talones, que pretenden demostrar un virtuosismo que le es ajeno y cuyas ejecuciones tienen extensión de eternidad. 

Sobre todo el músico cubano castrista, que saltó de un extremo al otro, incluso del silencio absoluto ante la palabra del panteón yoruba, al uso exagerado de frases y hasta evocaciones que solo entiende "un abakuá o un santo juramentado", cuando la tiranía los autorizó “a creer”. Esas expresiones “religiosas” están “a pupilo” en todas sus piezas, lo mismo en Van Van, que en Revé, que en la Charanga Habanera. 

El latin-jazz no existe, el afro-cuban jazz sí, hágalo quien lo haga, interprételo quien quiera y de donde sea. No debiera ser motivo de controversia; pero Castro se encargó de que así fuera y de la aparición del enlatado “salsa”. 

El tirano es el único que se lo robó todo en Cuba, culpable de propiciar la manipulación de los ritmos cubanos desde mediados de los 60’s por Bobby Cruz y Richie Ray, hacia una réplica que no puede escribirse porque no tiene autenticidad. 

Como consecuencia de que Castro dejara de pagar derechos de autor y cerrara la sociedad cubana la hecatombe, que no fue la aparición de la salsa ni del latin jazz, sino la debacle, el desplome de la música popular dentro de la Isla, al aparecer un tipo de música y unos músicos que de cubanos solo que nacieron en el país, pero sin identidad cultural ni nacional, porque desconocen y pisotean el pasado glorioso, único de valor de todo en la Cuba que ya no existe. 

Si Castro hubiera esclavizado a Cuba en 1860, ningún ritmo nacional, interpretados en todo el mundo se hubiera inventado, ni sus intérpretes, ni bolero, ni guaguancó, ni danzón, ni son, ni guaracha, ni cha cha chá, ni pachanga, ni sucu-sucu, ni mambo…ni Pérez Prado, ni Osvaldo Farrés, ni Miguel Faílde, ni Miguel Matamoros, ni Julio Gutiérrez (que le sugirió a Joseito Mateo en Nueva York que le incluyera la tumbadora al merengue), ni Enrique Jorrín, ni Benny, ni Albuerne, ni Bertha Dupuy, ni Olga, ni Laserie, ni Celia, ni…ni el tango, porque no hubieran creado "la habanera".

Dizzie Guillespie tocó con el cubano Alberto Socarrás, en ese conjunto conoció al virtuoso de la trompeta, la composición y el arreglo, Mario Bauzá. Después coincidirían como “roomates” al integrar ambos el de Cab Calloway. Según Gillespie, “el primer intérprete de música afrocubana que me impresionó fue Mario, después Chico O’Farrill, Chano, Machito, Curbelo, Bebo Valdés, Tata Guines, Cachao...hasta Sandoval y Paquito” .

Stan Kenton pegó exitosamente, arreglado por O’Farrill, El Manicero; pero, en 1946, Chano Pozo se unió a la Orquesta de Guillespie para ejecutar Afro-Cuban Suite, del propio Chico O’Farrill, el 29 de septiembre en el Carnegie Hall. 

Desde finales de los 30’s, todos esos músicos cubanos integraban orquestas de jazz como la de Ellington, Parker, Mingus, Kenton o, a partir de mediados de los 40’s, la de Guillespie y fueron arreglistas y compositores de muchas de sus piezas. 

Tan lejos se ha llegado en el estudio de la participación cubana en el jazz estadounidense, que el historiador Roy Carr propuso en su análisis del fenómeno, enriquecido con el de otros músicos americanos como Big Black, incluso Miles Davis, que el be-bop está basado en una pieza de Mario Bauzá. 

Los percusionistas cubanos tuvieron gran importancia en el desarrollo del jazz americano desde Chano Pozo, Candito Camero, Patato, Francisco Aguabella, Mongo Santamaría y Tata Guines, e influenciaron decisivamente al americano Jack Constanza o a los neoyorricans Ray Barreto, José Mangual o Sabú Martínez; hoy, Giovanni Hidalgo trata de ser una réplica de Tata Guines sin el nivel del maestro cubano. 

Para las Navidades de 1948, Charlie Parker interpretó un especial con la participación de Machito y los Afro-Cubans que incluyó los números de Fellove “Mango Mangué” y “Okiedoke” 

A Machito y a Mario Bauzá se debe el sonido New York de música cubana bailable que, con el mambo de Pérez Prado, es el sentido del ritmo de la Orquesta de Tito Puente. 

Si se aplica y la oye, notará que la música llamada “salsa” son arreglos de esos ritmos, condimentada con el son-guaguancó o duro de Arsenio, Chapottín, René Alvarez y Chocolate (ambos, Félix Bencomo y Alfredo Armenteros), la guaracha al estilo Ñico Saquito, más la música de Ignacio Piñeiro, Miguel Matamoros, Jorrín, Bebo Valdés, Lay, Richard Egues, Lilí Martínez, Compay Segundo o Lorenzo Hierrezuelo entre varios. 

¿Qué hispano cuenta en ningún lado como influencia en el jazz regional, más allá que los cubanos, para que lo llamen latino en vez de afro-cubano? 

1 comentarios:

  • Unknown says:
    11 de julio de 2018, 12:50

    Buen escrito y bien dicho.

Publicar un comentario

ARTICULOS DESTACADOS POR EL LECTOR

Archivo del blog