sábado, 30 de septiembre de 2017

NO DESCONOCEN, SE HACEN...

Por Andrés Pascual

Lázaro Cárdenas “se apuntó” para ayudar a Fidel (no a Cuba), a derrotar a los “gringos” en Playa Girón, pero nunca se le escuchó un llamamiento continental similar para liberar a Cuba (ahora sí), cuando EL TIRANO SE LA HIPOTECÓ A UNA PRESENCIA CRIMINAL DIABÓLICA E INFERNAL con ropajes de ideología de “masas”, de idiosincrasia totalmente ajena a la región latinoamericana…

Recuerdo que la única diferencia entre Cuba y México antes de la tiranía de 1959 fue en el sector artístico, originada por un desacuerdo entre “asociaciones” con respecto a una actuación de Los Panchos que, poco después, se subsanó y el trío famoso logró presentarse en Cuba, sería 1948-49 (foto María Félix y Ofelia y Martin Fox en La Habana 1957)

A México le regalamos parte de nuestra música: el bolero, el danzón, el cha cha chá, el mambo… y fuimos el 50 % de la contribución a que el país al sur del Río Grande se incrustara en el espectro beisbolero regional con la exportación, por su decisión libre y soberana, de jugadores y managers nuestros desde que, a finales de los 20’s actuaron allá Alcibíades Palma, pitcher y Agustín Verde, manager; después, hasta 1975, fue una verdadera hemorragia de jugadores, managers, umpires o trainers cubanos.

Hoy los clubes mejicanos firman peloteros cuyos representantes son “autoridades políticas del Ministerio de Interior a cargo de Cubadeportes”, entidad carcelera del atleta nacional, que se quedarán con más del 70 % de lo que recibirá como pago.

Tanto considerábamos a Méjico entonces que el mercado cinematográfico nacional proyectaba igual cantidad de películas hechas en Churubusco que en Hollywood.

Aparentemente, la política mejicana tuvo una cara escondida con respecto a Cuba hasta 1959 ¿Por qué razón?

Porque el evidente y comprobado antiamericanismo mejicano entendió rápido que los valores nacionales patrios auténticos de la República de Cuba le eran más ajenos que la Isla sojuzgada, explotada y esclavizada por el comunismo internacional a través de la tiranía castrista; porque, a partir de 1960, fue Castro y no México el ícono antiamericano de los países del 3er mundo y hasta del 4to, que también los hay, entonces se auto-incluyó la tierra de Juárez en el grupo que, como respuesta-rechazo a la política contra “la agresión gringa de un pueblo hermano”, pero dispuesto a contribuir a cercenar la libertad de toda América Latina sirviéndole de puerta de entrada a la Unión Soviética en el continente, no solo  mantuvieron sus relaciones con la más despreciable dictadura moderna de América, sino gozaban cada capítulo de “la lucha desigual”, convertido en victoria forzada por el castrismo contra Estados Unidos, que realmente tuvo como único perdedor a un pueblo que, entre sus enemigos, ha podido contar a Méjico tanto en 1961 como hoy.

El cubano ama a Estados Unidos, lo respeta, lo defiende, porque ha sido su único aliado, que le ha dado albergue a los patriotas convertidos en exilio por sus ideas independentistas durante 54 años de oprobio y crimen en mi patria, o ¿Acaso existe en Méjico alguna política de protección y albergue para el cubano que huye de la barbarie o que es deportado de su país?

Todo el mundo sabe que a lo único que se ha podido llegar con Méjico es a la firma de un compromiso de deportación con la tiranía y de un solo lado, porque ningún mejicano pide asilo en Cuba, que ratifica la asquerosa e histórica alianza entre ese país y el castrocomunismo para regresar al infierno antillano a  cubanos que se jugaron la vida en el mar o a través de la selva centroamericana.

Méjico es otra oficina del temido organismo MININT en su extención CONTRAINTELIGENCIA, allí se mueven con total libertad agitadores, agentes del G-2, terroristas y espías castrocomunistas y fue en Ciudad Méjico, con ayuda de la policía federal capitalina, que agentes cubanos, a plena luz del día y con la anuencia del gobierno, detuvieron, secuestraron y trasladaron a Cuba a un ex viceministro que acusaron de espionaje, sancionado después en juicio sumario en La Habana a 25 años de prisión, individuo al que conocí durante mis años en el presidio político castrista y cuyo nombre es Enrique Martínez Carrillo.

Por esas razones es que no vemos, no podemos ver a Méjico ni como hermano ni como amigo los cubanos que somos libres y que deseamos lo que tal vez Méjico no quiera, para continuar disfrutando del mercado que se apoderaron por la pérdida del cubano, como el del tabaco, el del beisbol o el del azúcar.

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