sábado, 25 de noviembre de 2017

El libro de secretos del presidente



Nadie ajeno puede dar fe de que exista un libro, especie de diario, en el que cada presidente de los Estados Unidos asiente, de su puño y letra, cada una de las cosas interesantes ocurridas durante su período, incluido lo que “nadie debe saber”.

Dan Rather declaró que “si existe, no me consta”, muchos como Ron Hauffman, que estuvo dirigiendo la sección política de Bush, evadió la pregunta y Dan Quayle, vice con Bush padre, explicó que, tanto el presidente como él, sabían muchas cosas que no se manejaban por otros, pero no mencionó ni de lado la existencia del dichoso librito fantasma.

Sin embargo, por lo peligroso para la Seguridad Nacional, ¿Pudiera ser cierto lo que ya es un mito de objeto? Yo no lo creo, aunque las cosas de trascendencia, no sé si a veces o siempre, se dejan en algún lado como constancia, y las famosas grabaciones de Nixon por el caso de espionaje conocido como Watergate, en carácter de estelar ejemplo.

Supuestamente, como material incluido en el ”libro que nadie vio”, se menciona la relación entre el gobierno de Estados Unidos con la “hermandad” que tiene sus raíces en la fracmasonería Illuminata que, desde mediados de los 50´s, se constituyó en la tan traída y llevada propuesta de gobierno del “nuevo orden mundial”, simbolizado en Builderberger, que agrupa a todos los poderes del mundo: políticos, religiosos y económicos.

Harvard es la gran universidad popular americana, a esta institución se puede acceder con cupo de “minoría sin dinero”. Solo con el diploma de college  y excelencia académica su hijo puede matricular en el alto centro docente como becado, por eso es el nido de la izquierda liberal americana, además de Nueva York o California.

Pero Yale no, es el centro de los ricos, que prepara el poder americano, que perfila la mentalidad política del país, no por gusto varios presidentes son egresados de ahí, aparentemente, dentro de sus murallas se hacen los líderes del mundo y que nadie lo dude, que cualquier cosa pasa sin que China, Francia, Rusia o Italia estén presentes, pero no esta gente, a los que capacitan y con razón, como los únicos en condiciones de proponer, ayudar y asegurar cualquier fisura.

Dentro de Yale existe un grupo que inicia a los alumnos más atrevidos, a los más inteligentes y a los más voluntariosos para enfrentar cualquier reto, se llama Caravelas y Huesos (foto bush padre en 1947) y ese es el logo que tienen, está en el medio del campus universitario, en una edificación encriptada y no es secreto, sino altamente secreto, en realidad ese si es un secreto, porque nadie sabe lo que sucede o se habla en sus sesiones, no como Builderberger, que están al dar clases por el canal Univisión y CNN de cómo funciona, quiénes están y lo que hace falta para matricular.

A fin de cuentas, Builderberger no es elitista, lo mismo un blanco como Bush, que un negro como Obama, que un hemófílico de herencia como Juan Carlos, que un moro, que un judío… al modo mío de ver las cosas, no es de fiar para conseguir grandes cosas. Caravelas y Huesos es otro paquete con el rótulo de “manéjese con extremo cuidado”.

Si bien dicen que el objetivo del grupo de Yale es relacionar con la política al futuro político, que no es una institución identificable con “poder mundial”, su razón de ser lo hace objetivo de lo contrario, porque la filosofía del poder americano tradicional nace allí.

Supuestamente no debe formar parte del más supuesto aún libro de secretos, sin embargo, a través de los años, fueron los encargados de crear un plan de consejería política de asistencia al presidente fuera de las normas: si los equipos de asesoría de un mandatario no se eligen por voto popular y están sometidos al más difícil filtro posible, el hecho de que se les permita a los mandatarios gozar de visitas autorizadas de amigos muy cercanos, es la forma especial que tienen de violar el protocolo, porque, dicen, entre esos están los verdaderos asesores que, por diferentes causas, no hubieran podido pasar la revisión.

A fin de cuentas, todo el mundo no tiene un par de amigos íntimos, como Reagan en las figuras de Caspar Wienberger o George Schutz, formando parte de la batería oficial.

Según se dice, Obama tiene más consejeros fuera del protocolo que dentro, entre esos, los que son considerados fuente de su formación radical y comunista, como Jeremy Wright y otros por el estilo.

Algo que tampoco podría estar en el libro de secretos son los datos sobre la salud del presidente, sus enfermedades genéticas o padecimientos, incluso en 1919, cuando Woodrow Wilson sufrió el ataque que terminó con su vida, su mujer fue la encargada de dirigir la Casa Blanca por días en el más absoluto silencio, casi de confesión.

Si un presidente rehusa un chequeo médico o un tratamiento, es la mujer el primer arma de su galeno, que estará con él las 24 horas del día desde que llegó al cargo.

¿Pudiera existir un libro de secreto para cada presidente americano? Yo no lo creo, sería demasiado peligro, igual a entregar la ventaja en una guerra de forma gratuita, es decir, sería un suicido en niveles de nación por lo que contuviera.

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