miércoles, 7 de octubre de 2020

EL ALMA LIMPIA

 Por Dr Ramón Muñoz Yanes 


Islas Canarias, España - Ayer saliendo de casa, me tropecé con un conocido y me dijo literalmente: - Caray, llevas años huyendo del comunismo y creo que ahora te va a atrapar aquí - Sentí, palpé en la expresión la ansiedad y necesidad de satisfacer su conciencia, su condición servil hacia la dictadura.

Nada molesta más al entorno que la pureza de principios, que la honestidad y el decoro. Les irrita, les corroe las entrañas. Hay hombres que no somos esclavos, que nos comemos un pan pero que nos sabe a gloria porque no lo untamos con la miseria de nuestro pueblo. Somos sencillamente, más cubanos, más tierra, más patria.

Nada más irritante que un incorruptible, les produce la peor de las urticarias, la moral. Quieren que seas como ellos, que te revuelques en el fango de la complicidad con el mismo instinto de las hienas cuando matan sin piedad al cachorro de león, cuanto placer asiste al carroñero cuando mata al que les recuerda su condición impura.

Es el delito de nuestro pueblo, educado para vivir en la penumbra y sembrar en el jardín de su conciencia, la delación, la envidia y el robo como si fueran ornamento del que sentirse orondo. El oropel jamás será oro y la alquimia pretenciosa de la ideología comunista, diseñada para que los miserables semejen hombres, nunca logrará una sociedad justa y honesta. Basta una ojeada a los países comunistas y verán su cosecha, corrupción, miseria y desolación.

Es la estrategia por antonomasia de los incapaces, los carroñeros de toda sociedad justa y libre. Por ello, cuando ven un hombre que se permite cohabitar con la honestidad, que se alimenta con el sudor de la frente, les incita al ataque sutil, como la víbora que acostumbrada a reptar se precia de hincar el colmillo en el ave que vuela entre la brisa y que se viste de sol en las alturas.

Lo veo en las elecciones estadounidenses, en los que enarbolan sin pudor su voto por quien estrechó la mano de Raúl Castro en la Habana, por el partido miserable que con ese apretón de manos pasó por encima de cada cubano fusilado, torturado, de cada ahogado en el Estrecho buscando libertad.

Ser miserable es una opción pero no es la respetable, es como los que asista la razón que les asista, llenan los aviones que alimentan a la bestia castrista. No me hablen de familia ni se disfracen de buenos hijos, con esos viajes son los verdugos de su propia familia porque le dan vida y tiempo, al tirano y sus esbirros. Que bajen la cerviz en los consulados de la satrapía es una opción, pero que no se llamen hombres buenos porque no lo son. Son el producto de una dictadura que sembró la vileza en el ser humano y desterró de los corazones, el sentimiento de la cubanía pura y noble.

Claro que les irrita la sola visión de un hombre noble. Por eso mi respuesta sencilla al interlocutor mañanero: - No, no huyo del comunismo, no lo apoyo, no lo subvenciono, no coopero y tengo en la almohada una amiga, conoce de mi paz de conciencia, no es cómplice de vileza, la almohada me sonríe cada noche. Vivo en la paz de los hombres buenos, estoy calzado con la nobleza, tengo paz.

Dr . Ramón Muñoz es médico cubano en el exilio en Islas Canarias. 

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