sábado, 13 de enero de 2018

"Has sido parte del problema durante décadas": Seal critica a Oprah por "ignorar los rumores" contra Harvey Weinstein y decir que es un ejemplo del "Hollywood santurrón" después de su discurso de los Globos de Oro.

Por Jessica Finn para Dailymail.com (traducido)

El cantante Seal arremetió contra Oprah Winfrey después de su ¿inspirador discurso? de los Globos de Oro, que se enfocó en la difícil situación de las víctimas de abuso sexual.

Entonces acusó a los medios de comunicación de saber acerca de los rumores contra Harvey Weinstein e ignorarlos en una publicación de Instagram.

En el post, compartió dos imágenes de Oprah con Weinstein y la llamó "parte del problema" antes de cerrar con una etiqueta que decía "Hollywood santurrón".

El discurso de la reina de la televisión el domingo por la noche, se centró en la difícil situación de las mujeres abusadas sexualmente y el movimiento 'MeToo'.

Pero el cantante de 'Kiss From A Rose' acusó al experto en medios de comunicación de ser un ejemplo del 'Hollywood santurrón'.

Llegó a Instagram el miércoles, compartiendo una toma de Oprah con el productor en dos eventos con un meme que decía: 'Cuando has sido parte del problema durante décadas ... pero de repente todos piensan que eres la solución'.

El cantante publicó este meme con una leyenda puntiaguda sobre Oprah, después de su discurso de los Golden Globes que se centró en el movimiento Me Too.

La hipócrita perorata al aceptar el premio Cecil B. DeMille, se centró en la difícil situación de las víctimas de abuso sexual, pero Seal dijo que "ignoró los rumores sobre Weinstein".

El cantante dio un paso más, diciendo que Oprah sabía sobre las acusaciones de mala conducta sexual contra Weinstein, y escribió: "Escuchaste los rumores, pero no sabías que en realidad estaba atacando en serie a actrices que, a su vez, no tenían idea de en qué se metían".

No está claro si Seal podría decir con certeza que Oprah estaba al tanto de las variadas demandas contra Weinstein, que estallaron en el discurso público en 2017, después de informes explosivos que enviaron al productor a rehabilitación sexual en Arizona.

Sin embargo, en los días posteriores a esos informes, Oprah abordó las acusaciones en su contra en una publicación de Facebook en octubre.

La celebridad mediática escribió en ese momento: "He estado procesando los relatos del horrible comportamiento de Harvey Weinstein y no he podido encontrar las palabras para articular la magnitud de la situación", antes de compartir una cita del cineasta James Schamus.

Agradeció a las víctimas que se habían presentado y agregó proféticamente: 'Creo que se avecina un cambio'.

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miércoles, 10 de enero de 2018

LAS GAVETAS DE TRES MASÍOS


Por Alcides Martínez Calzadilla
En los meses finales del año 1957, me incorporé a los esfuerzos por derrocar al gobierno de Fulgencio Batista. Al año siguiente ya me encontraba trabajando en las actividades de apoyo y suministros a las fuerzas que se encontraban alzadas en el área.
Al triunfo de la revolución comencé a trabajar en el INRA. Tomó poco tiempo para darme cuenta que aquello no era lo que yo quería para mi país y me integré a la lucha revolucionaria democrática.
Militando en el Movimiento Demócrata Cristiano de Cuba, aun después del fracaso del 17 de Abril de 1961, continué trabajando en la creación de un pequeño foco guerrillero, pero en cuanto la tiranía lo detectó, lo aplastó.
El territorio se convirtió en una Zona de «Operaciones Especiales» y se creó un verdadero infierno. El lugar se llama Arroyo Blanco; allá fueron llevados y torturados centenares de presos políticos. Usaron profusamente los fusilamientos simulados; es decir colocar a los detenidos frente a un pelotón con todo tipo de armas y disparar sólo a los que iban matar; los que quedaban vivos casi siempre salían con las ropas manchadas de los restos de las cabezas y sangre de los que asesinaban.
Cuando esto terminó, habían fusilado a 28 hombres y una mujer, entre los fusilados se encontraba Carlos Campos Martínez quien cuando me detuvieron y fui llevado a una prisión preventiva o de tránsito, la segunda noche, pasó frente a mi celda demacrado, con los dedos de la mano hinchados y ensangrentados, me los mostró y me susurró al paso: «La cosa ha sido muy dura, pero no tienes problema, no he dicho nada». Al día siguiente lo sacaron de nuevo y finalmente lo fusilaron.
A mí me llevaron para el «castillito», la sede del
G-2 en Santiago de Cuba; el lugar había sido la residencia de alguna familia patricia santiaguera, creo que de los Bacardí, en fin, se convirtió en un eficiente centro de investigación, interrogatorios y tortura.
Lleno de salones y habitaciones con paredes gruesas imitando a piedra, todo al estilo de una construcción medieval; en vez, de puertas habían sólidas rejas; allí me confrontaron, por separado, con Pedro L. Piedra y Walfredo Corral Socias, este último era el responsable de acción del MDC en Guantánamo.
En ambos casos teníamos una idea de quienes éramos; habíamos sido alumnos del Colegio de La Salle de Guantánamo, en una etapa similar, de cuarto a sexto grado, pero no manteníamos amistad o contactos recientes. Me hicieron acusaciones muy graves, realizaron una pantomima de juicio y fui condenado a 10 años de prisión.
De la cárcel de Boniato fui trasladado a Isla de Pinos, en el mes de agosto de 1962. Allí nos sorprendió la «Crisis de Octubre», estando aún en los «pabellones de castigo» y cuando terminó, fui llevado para la circular 3, posteriormente estuve en la circular 1 hasta que poco antes de empezar el Plan de Trabajo Forzado me trasladaron a la circular 4, y me asignaron a la Brigada 76 del tristemente célebre «Bloque 19». Más tarde fuimos ubicados en el Edificio # 5.
Cuando el Plan de Trabajo terminó, fui trasladado a la Cabaña donde vino el nuevo ataque del régimen carcelario con el plan «progresivo» y querer darnos el uniforme de presos comunes, esto hizo que nos quedarnos en calzoncillos y así nos repartieron por provincias.
Fui a parar a Boniato, de donde nos llevaron para unas granjas que albergaban presos comunes; una de ellas situada en el área de Bayamo llamada Tres Masíos y la otra en la zona de Manzanillo con el nombre de San Ramón. En ambas granjas había unas celdas de castigo que se encontraban fuera del perímetro o cordón, para un preso esto último tiene un componente psicológico muy inquietante, es estar como fugado y expuesto a cualquier barbaridad represiva.
Tres Masíos, fue quizás, la peor.
Era un edificio rectangular, con techo y paredes de concreto. Dentro habían seis «gavetas»; estos cubículos de pequeñas dimensiones estaban destinados a presionar o castigar a los presos, los hubo en varias prisiones, de diferentes tamaños y formas; verticales, horizontales, individuales y colectivos.
Las gavetas de Tres Masíos daban a un pasillo de tres pies de ancho y medían siete pies de fondo, otros siete pies de altura y el ancho no llegaba a dos pies, tenían una puerta enrejada, reforzada con una plancha de metal, que se abría al pasillo; el techo también estaba enrejado.
En esa cámara de tortura introducían hasta cuatro o cinco presos. Uno se acostaba de lado y los otros permanecían de pie con las piernas abiertas a los costados del que yacía en el piso. En la pared del fondo había una pila de agua (sin agua) y debajo en el piso, a medio pie de la pared, un hueco que por supuesto nunca funcionó. Si tratábamos de orinar frente a las celdas, en el mejor de los casos, el hedor era insoportable; en el peor, se corría hacia dentro de la gaveta, donde siempre había un recluso acostado.
Esto sucedió, en los primeros días, mientras nos quedaban algunos fluidos y sólidos por evacuar. Inimaginable. Lo más lejos que se podía tirar algo eran los tres pies al frente a la gaveta. La peste era insoportable y ni las manos limpias, En estas condiciones no era posible permanecer. Decidimos «plantar» hasta el final en una huelga de hambre. Nuestro objetivo era que nos llevaran a una cárcel de presos políticos.
La respuesta fue trasladarnos para la «caja de caudales» de San Ramón, esta celda era dos veces más ancha que las gavetas, con una plancha metálica con candado como puerta y el techo de concreto, tenía además la llave sin agua y el consabido agujero. Cabíamos los seis plantados sentados y acurrucados.
Pasados diez o doce días comenzaron a sacarnos amarrados a una de las garitas de observación, allí nos ataban a una cama de metal que tenían bajo la garita y los guardas nos abrían la boca, forzando una cuchara y con las rodillas de otro guarda en el pecho y estómago, nos apretaban la nariz para obligarnos a respirar por la boca; al final de este «ejercicio» y después de habernos hecho tragar alguna cantidad de sopa o caldo, nos retornaban, a la caja.
De regreso lo vomitábamos todo, con los días el hedor era insoportable. En las condiciones en que estábamos, golpeados, sangrando por la boca, no podíamos tenernos de pie y nos manteníamos acurrucados en el piso, ya con mucho frío, a pesar de lo cerrado del edificio y de las bombillas enormes en el techo. Así fuimos, poco a poco, cayendo en un estado de delirio o algo por el estilo. Es decir desvanecidos, perdiendo la noción del tiempo.
De los 6 que estábamos juntos esta última etapa fueron sacando a los que se ponían más graves, primero sacaron a Enrique Vázquez, le siguió Pablo Peña, más adelante Rolando Nieves, y después los seguí yo; era el día 54 desde que comenzamos la huelga. Días más tarde sacaron a los dos que quedaban: Orlando Peña y Antonio María Rivero, estos hicieron 60 días de huelga.
A medida que salíamos nos daban seguridad de que iríamos a una prisión de presos políticos y nos trasladaban para el hospital de la cárcel de Boniato, donde, hasta cierto punto, superamos el estado de postración en que habíamos quedado.
Regresamos para La Cabaña a finales de Julio de 1968; días después fuimos llevados al hospital del Castillo del Príncipe para curar secuelas de la huelga y finalmente nos trasladaron para la prisión de Guanajay donde nos dieron el uniforme de presos políticos. Comenzó entonces una larga etapa de recuperación física y mental. Tuve que aprender a caminar y pensar de nuevo. En realidad la pierna izquierda nunca me quedó bien.
Me soltaron de Guanajay el 20 de Diciembre del 1971 tras cumplir los 10 años de mi sanción. Tuve la suerte de salir rumbo a España al año siguiente, el 10 de octubre de 1972.

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