ARANCELES Y EL SÍNDROME DE TRASTORNO DE TRUMP HASTA EN LA INTERPRETACIÓN DE LA LEY
Por Carlos Carballido La decisión de la Corte Suprema sobre la política arancelaria de Trump está arrancando aplausos entre demócratas y rep...
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Por Carlos Carballido
Esto, de por sí, tumba el relato de Trump y el movimiento NO KING, pero lo que nadie parece entender es que acaban de servirle en bandeja de plata a los chinos la posibilidad de seguir debilitando la economía estadounidense, como han hecho desde la era Nixon.
Los titulares sobre esta decisión son engañosos: no se le han atado las manos a Trump, solo que ahora se ha reducido la ventaja que tenía para permitir que EE.UU. estableciera las condiciones del comercio global. En su lugar, se ha transferido parte de ese poder a China.
Estos jueces hicieron un alarde estúpido de reinterpretar una ley que, desde 1962, permitió a los presidentes maniobrar libremente en materia arancelaria. Lo hicieron Nixon, Clinton y hasta Obama, pero como Trump provoca episodios psiquiátricos, es mejor dejarlo sin opciones para no alterar a los aquejados del “Síndrome de Trastorno atribuido al presidente” (TSD).
Los entusiastas que padecen el TSD cacarean que esa política arancelaria estaba destruyendo la economía. Falso. Desde la asunción de Trump en 2025, la inflación se ha reducido, al igual que el precio de los combustibles.
Se habían recaudado más de 240 mil millones de dólares, que se querían destinar a subsidios del campo, apoyo a los jubilados y pensionados, y a la recuperación industrial estadounidense.
Los críticos gritaban: ¿Cuándo vas a hacerlo? Pues si la Corte Suprema le hubiera dado luz verde a Trump, ya se habría hecho; pero adiós. Aunque no se ordenó devolver ese dinero, ahora hay una avalancha de demandas de importadores estadounidenses.
Trump no es estúpido, aunque traten de encasillarlo como “mafia-style blackmail”. Es, sencillamente, un presidente que no quiere seguir bajo la bota económica de China y del bloque BRICS. Con esta decisión judicial, se corre el riesgo de volver a lo mismo o algo peor: adiós, MAGA.
El camino de recuperación económica —intentando reactivar la industria local y favorecer a los productores estadounidenses— se ha frenado. Sin embargo, Trump ya impuso el arancel global del 10 % para amortiguar el golpe, aprovechando que la decisión le da 150 días (casi medio año) para saltarse la vía congresional.
Los que creen que eliminar los aranceles ayudará a bajar los precios internos no tienen la mínima idea de cómo funciona la economía.
Los importadores ahora iniciarán demandas contra la administración Trump, porque el TSD está de moda. El proceso puede tardar años. ¿A quién le cargarán esos costos y la necesidad de recuperar ganancias?
Respuesta corta: al consumidor.
Mientras eso ocurre, sigue aplaudiendo. Al final, el viejo mantra de que nadie está por encima de la ley casi siempre termina volviéndose contra quien lo grita. A veces hay que pensar que es mejor tener una nación fuerte que una sumisa a países como China, que ya no producen baratijas, pero sí arrastran a otras a un bienestar artificial sustentado en la implosión de sus propias industrias nacionales.