jueves, 24 de julio de 2014

MEGYN KELLY NO FUE LO DURA QUE DEBIÓ CONTRA ZAFAR

Por Andrés Pascual

Megyn Kelly, Mona, Michelle Malkin, Ann Coulter, Greta... son mujeres verdaderas, como mujeres y como patriotas, del staff de la cadena FOX. Yo las considero brillantes, parte de lo que debe leer u oír quien desee conocer dónde se inició el fin del mundo, o a Sowell, a Carson, a Frank o a Douglas, americanos de piel oscura y corazón henchido de orgullo por serlo, dispuestos a defender a su país a cualquier precio que, contra los radicales-comunistas que asolan a Estados Unidos, puede ser grande y peligroso.

Los americanos conservadores padecen de un mal de fondo en el respeto excesivo del oponente liberal, por lo general, gente baja, taimada y sucia por la forma que emplean para “combatir”, y me refiero a la poca utilidad, en los Estados Unidos de hoy, de la decencia a cualquier riesgo, aunque sea verdad que “suena feo” la mal llamada palabra obscena para nombrar la acusación obligada de rasgos delincuentes y traidores, porque “puede afectarse la imagen del país”; pero, la evasión del recurso es otra contribución a la evidente pérdida de la batalla por la moral social, por concesiva sin intención; porque llamar “traidor, radical, terrorista e hijo de puta” a quien se comporte con su madre patria como, digamos, Obama, que no tiene madre ni patria, por lo menos aquí; más el grupo de blancos traidores y oportunistas que lo llevaron a la Casa Blanca, lo reeligieron y quién sabe de qué otras fechorías contra la nación pueden ser capaces o tengan en la mira para satisfacer sus intereses filibusteros, no puede considerarse, precisamente, actuar de forma indecente, injusta ni maleducada.

Resulta que Megyn Kelly (Foto con Zafar), que no teme llevar a su programa a ningún liberal, porque ninguno puede negar lo que la periodista le presentará como pruebas irrefutables del desatre que han originado, que hace tres semanas barrió el piso de su estudio con el antiamericano, comunista y judío renegado Jon Stewart, también llevó a un americano-musulmán, de nombre Harris Zafar, para que dijera cómo ve, desde su posición abiertamente comprometida con el terrorismo de Hamas, la crisis del Medio Oriente.

Después que la sabandija concluyó la acusación a Israel, crímenes de lesa humanidad incluidos, de presentar a Hamas como legítimo defensor del pueblo árabe “masacrado” por los judíos, de utilizar hasta palabras de Bin Laden para justificar el asesinato terrorista contra inocentes de aquí, porque, según aquella rata, “pusieron en puestos políticos a los que dirigen al país con su voto”. Megyn ripostó con el elemento a mano siempre para diferenciar al pueblo americano de cualquier otro del mundo: “nuestra Constitución”, que no exige que se mate a quien no simpatice con nuestros ideales, ni le solicita a la población que extermine pueblos enteros para imponer nuestra ideología ni nuestras tradiciones...

Sin embargo, lo que Megyn no le dijo al tipo fue que esa Constitución es tan generosa, tan práctica y justa que, basado en ella, la traición y el antiamericanismo han logrado establecerse como la fuerza directriz del país, elaborando desde las altas esferas políticas un plan de atentado contra la nacionalidad, contra la moral y contra el poder.

En fin, por esa cordura tradicional que convierte al estadounidense en un dechado de autocontrol, porque son conservadores y semejante actitud o conducta los hace gente decente, muy lejos del relajo del liberal-comunista, fue que Megyn Kelly no tomó por el cuello al individuo y le escupió en el hocico: “HIJO DE PUTA, MIRA SI ESTE PAÍS ES GRANDE, QUE SE HA DADO EL LUJO DE PONER A DIRIGIRLO A UNO DE USTEDES, COMO TÚ, NI AMERICANO NI PATRIOTA Y, COMO TÚ, TERRORISTA DE IDEAS, DE APROBACIÓN Y DE HECHOS...”

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