sábado, 8 de diciembre de 2018

NO ES TIEMPO DE POESÍA NI DE IMÁGENES VACÍAS REBUSCADAS


Por Andrés Pascual
El poeta dijo que ¡Siempre habrá poesía!, “mientras unos ojos reflejen a otros que los miren…”, pero eran tiempos diferentes, tal vez confusos, incluso peligrosos de acuerdo a su época, sin embargo, en el siglo XIX ni el mundo era tan complejo ni a España la habían obligado a compartir su entorno con mañosas etnias (brutal lucha de ideologías yuxtapuestas) que tienen en peligro su estructura socio-política, tal vez Gustavo Adolfo Bécquer no hubiera escrito esa poesía hoy…

 En 5 años más en Cuba nadie conocerá qué es una golondrina, a fin de cuentas, la palabra “bardo” hace rato que fue sustituida por el agresivo “guerrillero heroico” y el lenguaje poético perdió su intención con la expresión callejera, verdadero anti-poema (Nicanor Parra es un juego de palabras y de contrasentido lírico: “Se vende Chile, tratar con Frei”) contra el poder y el ritmo interior de “consodque, deja que te la tumbe”, o “Ekoyó Katana po didio didio didio Kongo” o “ekobio abakuá efe-moró”, retrato magnífico de la decadencia impuesta con un poco de presión, solo un poco. Tal vez las sociedades como Cuba son más cercanas al animal, porque, ¿Cómo voy a buscar la esperanza, incluso la definición de mi futuro a través de elementos cuya voz interior está en el África antropófoga, bárbara y satánica?

Los cultos afro, que Castro impulsó como nunca en Cuba para desbancar a las religiones y para controlar a la población por medio de la chivatería, son satánicos: el ejercicio del servicio religioso a los dioses, sacrificios, fue sustituido por animales por instinto de conservación, pero su génesis es humana.

A pesar de que la santería es un negocio privado en Cuba ¿Por qué la tiranía nunca la “erradicó” como a un quiosco de chucherías común y corriente? El negocio de los collares, de Orula, del sacerdocio Ifá escapó de la marea asoladora que llamaron Ofensiva Revolucionaria en 1968 y no solo eso, sino que la fortalecieron y le imprimieron el sello de “primer renglón cultural de la dictadura”, dominada totalmente por la tiranía y enviada al exterior para que cumpla el mismo objetivo a su favor con la mayoría de 400,000 elementos de la comunidad que se mudaron para España, Canadá, Chile o los Estados Unidos…

Si algo identifica a la mayoría del producto humano castrista de hoy, dentro o fuera de Cuba, es la devoción absoluta por Changó y la doble moral ante Cristo y la Iglesia Católica, que la utiliza para “resolver” lo que se pueda, especie de bodega de emergencia de la tiranía, con un cardenal-administrador más entusiasta y combativo que Ricardo Alarcón.

Leí hace poco que a una alcaldesa de un pueblo español no le interesa Miguel Hernández, el poeta comunista que murió tuberculoso en la cárcel después de la guerra civil; a pesar del odio que siento por los comunistas, no puedo dejar de reconocer que Las Nanas de la Cebolla son parte de la más formidable expresión lírica de la poesía española de la primera mitad del siglo XX.

Bueno, en el caso de Miguel Hernández, ¿Qué no le interesa a la señora, la persona, su obra o su ideología? Aunque, a fin de cuentas, la poesía de este bardo es realmente comprometida, vocera de su alma corroída por el bacilo de Koch, tanto como por el panfleto comunista de Stalin y la Pasionaria.

No, los tiempos no están para poesías, a pesar del intento de “almas buenas” por soñar en medio del bombazo terrorista o de la mentira política narrada con la peor prosa posible desde púlpitos esclavistas.

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