domingo, 4 de octubre de 2020

OCTUBRE Y LOS CICLONES DE PALABRAS

 Por Dr Ramon Muñoz Yanez*

Nada ha cambiado desde entonces, ni el barracón ni los rancheadores, pero más triste aún, los rastreadores siguen siendo los mismos. El siglo y la colonia en las mismas rejas, la Habana y los barrotes, las casas repletas de rejas para los rateros de ocasión y los ladrones de siempre, el gobierno.


La Habana siempre sedienta de agua y justicia, con el olor del puerto correteando las calles, tufo de cloacas vivas al acecho, disfrazados de humanos como si no fueran el rastrojo de una raza que una vez fue mambisa y ahora son chivatos, vestidos de un azul caprichosamente bonachón, pero represor, vil, rastrero.
La ciudad y las piernas abiertas en una bahía sin barcos, infecta de un verde olivo crónico, fétido, contagiada de facto por la carencia y un anciano discurso que se resiste a morir de cansancio. La urbe meretriz de principios y derechos, asqueada de lo que es después de tanta consigna y ciudadano traidor al pueblo que le dio vida. Las abuelas resignadas a vivir entre balcones caníbales, edificios convertidos en trampas con aguaceros como detonantes de tragedias, con carteles de la ideología senil y menopáusica por doquier y hoteles para cualquiera no nacido en las propias calles.
Octubre y los huracanes, los gritos del viento y los orishas cada vez menos negros, con toques de santos ofertados al próximo crucero, repletos de rubios iguales a los de antaño, con más derechos, con dólares y más de todo en los bolsillos. Los cantos a los santos subtitulados en inglés para el rubio de enfrente, tan enemigo y cada vez más necesario.
Sesenta años después, si te alzas sobre la Habana cierta, la que no es turista, quieres correr a Miramar y Siboney donde vivieron los ricos de antes y los de ahora, para que devuelvan toda la sangre de los mártires y que se vayan a Birán los mentirosos.
La Habana con balcones colgando de sábanas que una vez fueron blancas y con una sentencia definitiva: Esta no es tu casa, Fidel. La historia no te absuelve, te escupe.
La ciudad emblema de una isla que pare y pare sin descanso, negros, blancos y mulatos, a ver si tiene suerte otra vez y entre todos ellos, los cientos, los miles y los millones, nace un único y necesario Maceo.

Dr Ramón Muñoz Yanez es médico cubano residente en Islas Canarias.

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