domingo, 25 de octubre de 2020

SI LOS ILEGALES VOTARAN DEBERÍAN HACERLO POR DONALD TRUMP

Por Reynaldo Soto

Si los inmigrantes ilegales que ya viven en los Estados Unidos pudieran votar, lo deberían hacer por Donald Trump, quien es indiscutiblemente su opción más inteligente, si se atienen pragmáticamente a lo que ellos mismos dicen que es su interés cuando vienen a los Estados Unidos; trabajar para ayudar a sus familiares en su país de origen y progresar ellos mismos aquí.

Durante sus apenas casi cuatro años al frente del gobierno de este país, Trump ha demostrado ser un incansable creador de puestos de trabajo, lo cual ha logrado, entre otras iniciativas, eliminando cientos de regulaciones que asfixiaban el crecimiento de las empresas, incentivando, cuando no presionando, a las compañías norteamericanas que emigraron hacia otros continentes, para que vuelvan a trasladar sus inversiones a nuestro país, y rebajando impuestos a las empresas.

Medidas, sobre todo esta última, que ni de lejos estaría dispuesto a firmar con su nombre un político liberal, porque iría en contra del discurso tradicional de dicha corriente política, que afirma que las empresas y los empresarios son explotadores y el resto, es decir, quienes tenemos empleo gracias a que existen esas empresas, somos sus explotados.

En Septiembre del 2019, es decir un par de meses antes de que comenzara la pandemia de Covid 19 que obligó al cierre de una buena parte de la economía no solo en Estados Unidos sino prácticamente en todo el mundo, la tasa de desempleo entre los hispanos mayores de 20 años era del 3 por ciento, apenas una décima por encima del desempleo entre los blancos, que era del 2,9 por ciento, y casi tres puntos por debajo de la cifra que ostentaban los afroamericanos, que era del 5,5 por ciento. En esos momentos la tasa de paro a nivel nacional estaba por debajo del cuatro por ciento, lo cual no solamente establecía un récord histórico para el país, sino para los propios hispanos y para los afroamericanos. Ambos grupos étnicos y el mercado laboral en general estaban entonces en los que se conoce como el pleno empleo, una situación en la que hay muchas más vacantes laborales que candidatos dispuestos a cubrirlas.

Pero no solamente eso, en esos momentos, y gracias a la lucha incesante de la administración de Donald Trump por mejorar la economía y crear nuevas fuentes de trabajo, los salarios comenzaron a crecer llegando a acumular hasta un 2,9 por ciento de crecimiento durante los 12 meses anteriores a la fecha que mencioné antes. Al mismo tiempo, las empresas se demostraron mucho más dispuestas a mejorar las condiciones laborales y a otorgar mejores beneficios a sus empleados con tal de que no emigraran a otros sectores, en la medida en que la lucha por cubrir vacantes se iba intensificando.

Estas noticias deberían sonar para los latinos ciudadanos americanos o residentes permanentes en los Estados Unidos en general, y para los inmigrantes ilegales en particular, como música celestial. De hecho, durante los primeros tres años de la presidencia de Donald Trump y a pesar de todo el discurso enérgico y sostenido del presidente en contra de la inmigración ilegal, así como de todas las medidas tomadas por su administración, incluyendo el refuerzo de la patrulla fronteriza, la ampliación del muro en la frontera y los cambios de criterios legales para realizar deportaciones por la vía más rápida, las inmigraciones ilegales no se detuvieron. Por esos tiempos hasta se crearon varias caravanas de inmigrantes ilegales que partían desde Centroamérica decididas a llegar a los Estados Unidos costase lo que costase, aunque se tuvieran que enfrentar a los organismos policiales y de inmigración de varios países.

Y no era para menos, el premio mayor estaba en los Estados Unidos, donde había tantos puestos de trabajo vacantes que solo era cosa de cruzar la frontera y llegar para encontrar uno. Recuerdo una anécdota personal de un día que estaba visitando a unos amigos guatemaltecos en Miami quienes tenían a una pariente varada en algún lugar de la frontera mexicana a quien ya estaban esperando desde hacía varios días para que comenzara a trabajar cuidando a una anciana en Coral Gables. Recuerdo que alguien comentó “qué lástima que vaya a perder ese trabajo con lo bien que le van a pagar” y otro le contestó “ni te preocupes que trabajo es lo que se sobra”.

Así que con más y mejor pagados puestos de trabajo en los Estados Unidos, y con cientos de miles de empleos agregándose cada mes al mercado laboral, la situación iba de maravilla no solo para los inmigrantes ilegales que ya vivían en este país, sino inclusive para quienes venían llegando ilegalmente. Los ilegales que ya estaban aquí podían ir accediendo a posiciones que dejaban vacantes los ciudadanos americanos o residentes permanentes de origen latino al migrar ellos mismos hacia puestos de trabajo mejor pagados o con mejores condiciones laborales y entonces esas posiciones las ocupaban a su vez los recién llegados, porque hablando claro, por mucha retórica política que exista en contra de la inmigración ilegal, si un empresario tiene un edificio que levantar, o una cosecha que recoger, o una fábrica que mantener funcionando, y no encuentra mano de obra que pueda contratar legalmente, se va a saltar las leyes y va a llenar las vacantes con los ilegales, por grandes que sean los riesgos. Ahí actúa una de las leyes más importantes del capitalismo, la ley de la oferta y la demanda y está también presente una ley fundamental humana, la de la auto conservación “si mi empresa va a quedar en la ruina, pues mejor me salto un par de leyes y sigo produciendo riquezas aunque tenga que pagar algunas multas”.

En el otro lado de la carrera presidencial este año, está Joe Biden, un hombre que acumula varias décadas en la política sin muchos logros personales, y entre ellas ocho años en la vicepresidencia del país en un gobierno durante el cual, dicho sea de paso, fueron deportados más inmigrantes ilegales que en todas las administraciones de los últimos 30 años. Pero un hombre quien además representa en estos momentos a ese lado del espectro político nacional más interesado en arrebatar riqueza a las empresas para repartirlas entre quienes ellos suelen llamar “los menos afortunados”, quienes generalmente suelen ser en realidad los más holgazanes. Es decir, un aniquilador de empleos nato. Malo para los americanos legales dentro del país sean inmigrantes o no, pero peor para los inmigrantes ilegales a quienes no solo les va a ser más difícil conseguir empleo, sino que se van a ver afectados como nadie por la depresión salarial que va a sobrevenir cuando haya menos empleos y a los empresarios les resulte más fácil encontrar con quien sustituir a un empleado que ya le está pareciendo demasiado caro.

Y no es por ánimo de hablar mal de Biden, pero es que sus planes de gobierno, y toda su retórica durante la carrera presidencial, afirman claramente que en caso de ganar va a centrar su gobierno en la lucha por cobrar más impuestos a quienes ganan más. Un discurso que puede resultar muy agradable a quienes ganan menos o no disponen de grandes cuentas en el banco, porque se les deja entrever convenientemente que toda la riqueza que se obtenga por esa vía será repartida entre ellos en forma de “beneficios sociales”, pero una práctica socialista que a la larga termina siempre afectando a toda la sociedad, porque castigar a la gente por ser emprendedora y generar riqueza siempre ha sido un camino que conduce al empobrecimiento colectivo.

Biden amenaza con penalizar a los ricos, ellos comenzarán otra vez en masa a trasladar su dinero y sus fuentes de generación de riqueza al extranjero, donde no solo van a encontrar mejores condiciones impositivas, sino un mercado laboral mucho menos exigente en cuanto a salarios y condiciones laborales y que les permitirá ganar mucho más invirtiendo mucho menos. Una situación que apenas estaba comenzando a revertirse gracias a algunas de las medidas que han sido puestas en práctica por la administración Trump.

Biden ha amenazado también constantemente con derogar todos los incentivos tributarios que se le han concedido a las empresas, por considerar que son injustos y que solamente favorecen a los ricos. Una falsedad. Las empresas que reciben incentivos tributarios emplean mucho más dinero en mejorar los salarios de sus empleados y crear mejores condiciones laborales para ellos, pero lo que es más importante, en crear nuevos empleos, lo cual beneficia a toda la sociedad. Nuevos empleos significa más dinero para todos. Bueno para los americanos y bueno también para los inmigrantes ilegales. Porque si no hay trabajo, por mucho que los políticos al estilo de Biden tengan un discurso bondadoso hacia quienes emigran ilegalmente al país, su situación realmente va a empeorar. Nada hacen con que se les diga que no los van a deportar si no tienen un empleo para ganar su sustento y para ayudar a sus familiares en sus territorios de origen.

No he querido hablar acerca de la situación del mercado laboral en estos momentos porque todo indica que es una situación pasajera que ya está comenzando a revertirse, pero que se convertiría en permanente si un tipo como Biden logra ganar la presidencia con un congreso y un senado a su favor, que le ayude a dictar las leyes que pretende.

Así que no se dejen engañar inmigrantes ilegales, si tienen un familiar con derecho al voto y en quien puedan influir, díganle que vote por Donald Trump, a fin de cuentas las posibilidades de poder hacer un pequeño capital trabajando en los Estados Unidos para poderlo invertir en tu país de origen son mucho mayores que las de resultar deportado. Y al final de cuentas, si te deportan, lo cual tiene las mismas probabilidades que las de morir en un accidente de auto o de que te mate un infarto, puedes llevarte contigo todo lo que hayas ahorrado aquí, y todo lo que hayas logrado aprender de una sociedad exitosa como la norteamericana.

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