martes, 30 de octubre de 2018

MURIO EL CRONISTA DEL “MEXICO LINDO Y QUERIDO”

domingo, 20 de junio de 2010


Por Andrés Pascual

Acaba de fallecer en tierra azteca, a la que por su orgullo de mejicano crónico y nunca buscando protagonismo iluso de connotaciones mercantiles o falsos méritos literarios engrandeció con su obra, el cronista y ensayista Carlos Monsiváis, que hizo la vivisección del “cantor de las mujeres de la noche”, las hetairas, pecadoras sublimes, que nadie puede separar de la idiosincrasia de su país, Agustín Lara.

Utilizando las formas que desde los hippies y el canto por el sexo libre y el consumo degenerado de LSD encubierto en protesta contra la guerra de Vietnam dividieron al arte verdadero del arte decadente moderno a partir de la llamada cultura Pop, pues a Monsiváis le colocaron alternativamente en ambas orillas tan contradictorias: la muy exagerada y difícil de entender, contracultura, y la cultura virtual, cuando el autor solo fue un escritor de dignidad y amor por la identidad nacional de su pueblo mas que un soldado del ejercito de inefectividad filosófica de la trasnochada reciente edición de manierismos burdos, complicados con la vorágine política que cunde a la literatura actual.

Cuando Carlos Monsiváis colocó en la compleja órbita del análisis de un escritor serio a Agustín Lara, sencillamente demostró y propuso al autor de Noche de Ronda como una pieza fundamental del complejo crisol de la noche mejicana desde 1925 que, con el tiempo, solo significó que sin entender a Lara y su relación con esa noche y “sus mujeres”, nadie podría completar nunca una posición justa ante la observación y análisis de ese país, porque primero era necesario entender como célula originaria, “la cultura del barrio” de las ciudades grandes.

Monsiváis fue capaz de asistir, comprender y tratar, como acaso Carlos Fuentes y, en menor grado, Octavio Paz, el desarrollo de una faceta imprescindible en el estudio de la personalidad azteca: el desarrollo de la bohemia, de los bares, de los tugurios amatorios, de la gran música que nació bajo esas influencias y en esos lugares como la del propio Lara o la de Álvaro Carrillo y José Alfredo Jiménez.

Monsiváis comprendió que aquellas mujeres de la difícil “vida fácil” eran el sostén y la verdadera alegría, en medio de sus tristezas, de la noche mejicana; fueron, sencillamente, exponentes inigualables de una pincelada de la historia inevitable.

Y, para aquellas “mujeres de la noche”, Lara fue el cantor y el propio escritor el cronista.

La contradicción entre el burdel, su música y el falso moralismo de las clases altas, amparadas en la reacción clerical de carácter oportunista, fue analizada por Carlos Monsiváis con todo el realismo y la justicia posibles.

Fue el escritor que se arriesgó con un paso peligroso, al considerar la diferencia entre Lara y Darío a partir de que “Si bien el nicaragüense solo es recordado en los pasillos de la Academia, el maestro Agustín está en el aire, en el éter y así se mantendrá en la percepción cantada, ayer por Pedro Vargas y Toña la Negra; hoy por Luis Miguel o por cualquier romántico de cabaret”.

Descanse en paz el escritor y periodista que se rindió ante lo inevitable a los 72 años.

Miami, FL., USA
06/20/2010

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