miércoles, 14 de octubre de 2020

EL FANTASMA DE LA INTOLERANCIA

 Por © Pablo de Jesús


A mí nadie me puede hacer cuentos del socialismo. Tengo dos maestrías y un doctorado suma cum laude en ese asunto. Pasé dos terceras partes de mi vida en ese sistema y me conozco todo el catálogo de ventas, porque yo fui un consumidor contumaz, hasta que un día caí en cuenta que me habían estado vendiendo espejitos y humo y yo de adoctrinado creyéndome el cuentito. Y como yo, otros muchos. Un cuento de la buena pipa para adormecer a un pueblo. O a lo que ellos llaman pueblo. Para el socialista, pueblo es esa masa manipulable que solo sirve para validar su teoría social de la pobreza.

Es por eso que no tranzo con ciertos políticos demócratas que ahora nos vienen con el mismo cuento que, como los cubanos sabemos, no terminan con Happy End, sino con Patria o Muerte.

Ninguno de los que hoy se venden como socialistas han salido de ese pueblo pobre que dicen representar.

¿Cuándo en su muelle vida Bernie Sanders ha hecho una cola para comprar pescado? ¿Alguna vez Biden se ha tenido que limpiar el respetable con un periódico? ¿Habrá experimentado Ocasio-Cortez la ansiedad por un vasito de leche que le quitaron a los siete años? ¿Se habrá apretujado Kamala Harris en un camello sintiendo en la parte baja de su espalda el entusiasmo de un negro estibador? El día que esta gente experimente dichas privaciones, entonces volveré a creer en el socialismo. Lo digo con la total seguridad de que eso es como decir “cuando la rana críe pelos” o “las gallinas meen”.

Ni siquiera Marx, Engels y Lenin, los padres de la criatura, padecieron las miserias de un obrero de su época. El primero fue un borracho mantenido por su suegro y amigos, que nunca en su vida disparó un chícharo, ni viendo que los hijos se le morían de hambre. Carlitos metiéndole mano a El Capital y al botellín de schnapps y su esposa Jenny escribiendo en la cama con Fico Engels el mamotreto de El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado. Lenin, de su parte, fue un parásito mantenido por su madre, hasta que un día se pegó a las tetas de la Madrecita Rusia y se emborrachó de poder. Un hombre que fue capaz de decir cosas como que “es cierto que la libertad es algo precioso, tan precioso que debe ser racionada cuidadosamente” tiene que haber estado beodo de odio. ¡Puro vodka marca Odioski lo que mamó de esas tetas rusas!

Bajo esos paradigmas, la idea socialista está germinando de a poco en esta sociedad estadounidense. Gente que nunca experimentó el hambre, la miseria y la opresión de un sistema socialistas o comunista, se visten ahora de campeones de la igualdad y la esperanza, cuales íncubos y súcubos modernos: demonios que según la leyenda se acostaban con mujeres y hombres durmientes para engendrar personas de fácil control. Gente que empieza quemando gorras MAGA y banderas americanas, y terminan incinerando en la hoguera libros, ideas y personas.

El socialismo es como un perro, primero te lame la mano, y luego te muerde las piernas.

Pero en esta viña del señor de los excesos hay de los dos bandos, no nos engañemos. Está el demócrata furibundo y el republicano iracundo. El primero quiere imponerse a lo antifa: quemando, destruyendo, pateando. El segundo a tiros, con la Segunda Enmienda como diana.

Estados Unidos está girando a la intolerancia con tanta prisa, que un día de estos vamos a caer en China o en Cuba. ¿Se imaginan a este gran país con el sistema de un solo partido? Y millones de partidos por el medio mendigando comida y libertad. A ese mundo monocromático y dependiente nos quieren meter a la fuerza. Tanto remar para caer en el mismo lugar del que salimos huyendo: Un neopaís donde el presidente baila en la punta del dedo de un general, y atrás el pueblo cantando la chambelona en la Plaza de la Revolución, resignado a que decidan por él, y sin él.

Imagino que eso alegraría a esos cubanitos del exilio que añoran el cerelac y la caldosa del CDR. Gente que piensa que el socialismo aún es perfectible y teorizan al respecto desde una montaña de ropa vieja en cualquier cafetería de Miami. Mamaron tanto extremismo que hasta son capaces de romper amistades o borrarte de Facebook solo porque no piensas como ellos.

A mí me es indiferente como piensen, siempre y cuando respeten lo que pienso. Para lo único que sirve la Cuba de hoy es como ejemplo de que el socialismo es el camino más largo para llegar del capitalismo al capitalismo. Y del daño que puede hacer en el cerebro el picadillo de consignas.

En 60 años de un salvaje sociocomunismo castrista, Cuba es hoy un zoológico de lo ilógico, con un futuro que en vez de pertenecer al socialismo, pertenece a las jutías, avestruces, cocodrilos y caracoles africanos, las nuevas armas de una Revolución fidelista vencida y envejecida.

Mi peor pesadilla es que un día, cuando le cuente la historia a mis nietos de cómo se escondió el sol, empiece con esta frase: “Hubo una vez una América donde los hombres eran libres…"

© Pablo de Jesús es Periodista de profesión, escritor , editor y ex corresponsal deportivo de la AFP en Estados Unidos 

Nota del autor: Estetrabajo fue publicado en Octubre 12 de 2019, pero sigue tan vigente como entonces.

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